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Categoría Sexo - Sexo y amor

Disfunciones sexuales femeninas ¿enfermedad o negocio?


A los problemas que ya conocemos de la falta de investigación con enfoque de género sobre la sexualidad de las mujeres, el predominio del patrón masculino como referencia de la sexualidad humana, y la represión de la sexualidad femenina por la sociedad patriarcal, se suma ahora el interés económico por abrir un mercado farmacéutico nuevo: las disfunciones sexuales femeninas.

Este es un tema al que tendremos que seguir de cerca porque puede ser motivo de refuerzo de la medicalización de la salud de las mujeres, en este caso de la salud sexual. Os recomiendo leer al respecto el artículo de Marcela Ortiz Buijüy, EL MALESTAR SEXUAL DE LAS MUJERES, que publica en el último
número de la Agenda Salud de Isis Internacional, cuya dirección
se recoge al final de este resumen.

Durante siglos el funcionamiento sexual del hombre ha sido el modelo regulador
normativo de la conducta sexual humana. El imaginario masculino sobre lo que
debe ser la sexualidad femenina -o lo que espera de ella-, sumado al hecho de
tener sólo el patrón masculino como la referencia de la sexualidad
humana, ha dado como resultado una visión de la sexualidad femenina empobrecida
y disfuncional.


Recientes investigaciones han hecho repensar lo que hasta ahora se han denominado
disfunciones sexuales femeninas según el modelo médico. Parece
que cuando se pregunta a las mujeres sin imponer categorías aplicables
a los hombres, los aspectos físicos son menos importantes que los aspectos
emocionales o más subjetivos de su vida sexual.


Se intenta medicalizar la sexualidad femenina


Pero, además de la ignorancia sobre la realidad de la sexualidad de
las mujeres, existe ahora otro peligro, el intento de medicalizarla. En este
sentido, los intereses se centrarían en clasificar como enfermedad lo
que en realidad es sólo diferente al modelo establecido y a los malestares
que produce el no encajar en esos modelos masculinos.


¿Se están identificando nuevos trastornos para solucionarlos
o para construir mercados para nuevos medicamentos? Así comienza un artículo
del periodista Ray Moynihan publicado en la revista British Medical Journal
(BMJ) en enero de 2003. Una corte de investigadores con estrechos lazos con
los laboratorios está trabajando con colegas de la industria farmacéutica
para desarrollar y definir una nueva categoría de enfermedades en encuentros
financiados por las compañías que están en carrera para
desarrollar los nuevos medicamentos, sostiene el artículo.


"Desde el lanzamiento del sildenafil (Viagra) en 1998, más de 17
millones de hombres lo recibieron para tratar la disfunción eréctil,
y las ventas de Pfizer para 2001 llegaron a 1500 millones de dólares",
afirma Moynihan. Los competidores, Bayer y Lilly-ICOS, también habrían
superado los 1000 millones cada uno. Según el autor, para construir mercados
similares entre las mujeres, las compañías primero necesitan definir
características mensurables de las disfunciones sexuales femeninas para
facilitar pruebas clínicas creíbles. Eso es lo que han hecho en
diferentes encuentros, según el artículo:


* En mayo de 1997, médicos clínicos, investigadores y representantes
de los laboratorios se encontraron en Cape Cod para "discutir la futura
dirección de las pruebas clínicas" en esta área, mencionando
una "expandida falta de acuerdo sobre la definición" de las
disfunciones sexuales femeninas. El co-presidente del encuentro, Raymond Rosen,
admitió que la reunión "está financiada por compañías
farmacéuticas". Se mencionó el auspicio de nueve laboratorios.



* En octubre de 1998 se llevó a cabo una conferencia internacional
en Boston para buscar un consenso sobre las disfunciones sexuales femeninas.
Los participantes produjeron una nueva clasificación de trastornos sexuales
femeninos. Publicaciones posteriores mostraron que 18 de los 19 autores de estas
nuevas definiciones tenían intereses financieros u otras relaciones con
un total de 22 laboratorios.



* En octubre de 1999, la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston
albergó otra conferencia, apoyada por 16 compañías. Allí
se develó que aproximadamente la mitad de los participantes estaba conectada
a laboratorios. En 2000 y 2001, el flamante "Foro de funciones sexuales
femeninas" organizó conferencias anuales en Boston, apoyadas cada
una por más de 20 compañías. El BMJ menciona como un hito
un artículo de The Journal of the American Medical Association (JAMA)
en febrero de 1999 titulado "Disfunciones sexuales en EE.UU: prevalencia
y predicciones". Los autores, dos de los cuales tenían lazos estrechos
con Pfizer, sostuvieron que en las mujeres entre 18 y 59 años la prevalencia
total de disfunciones sexuales era del 43 por ciento, una cifra ahora ampliamente
citada en los medios científicos y periodísticos.



*

¿Un 43 por ciento? Según el BMJ, hay serios cuestionamientos sobre
el dato del 43 por ciento, obtenido a partir de una encuesta de 1992. A unas
1500 mujeres se les había pedido que respondieran si habían experimentado
o no siete problemas incluyendo falta de deseo, ansiedad sobre el desempeño
sexual, y dificultades con la lubricación. Si respondían sí
a una de esas preguntas eran incluidas en el grupo de las que tenían
disfunciones sexuales. Entre quienes cuestionan la cifra, el BMJ menciona a
la doctora Sandra Leiblum, profesora de psiquiatría de la Facultad de
Medicina Robert Wood Johnson, quien considera que la prevalencia de las disfunciones
reales es inferior al 43 por ciento y que la cifra "ha contribuido a una
sobre-medicalización de la sexualidad femenina". "Creo que
hay insatisfacción y tal vez desinterés entre muchas mujeres,
pero eso no significa que tengan una enfermedad".


El debate que siguió a este artículo es muy interesante. Mientras
pocos de los "acusados" se defendieron, algunas mujeres lo criticaron
por objetar, en su opinión, la existencia de disfunciones sexuales en
la mujer con lo que se negaba la ayuda (y la investigación) a miles de
mujeres con problemas sexuales reales y tratables. Una mayoría apuntó
al desconocimiento de la sexualidad femenina (¿cómo podemos saber
lo que está mal si no sabemos lo que está bien?). Lo que se cree
que es la sexualidad femenina normal, se dijo, está aún basado
en las ideas existentes desde fines del siglo XIX a mediados del XX; las ideas
victorianas y patriarcales continúan influyendo en las investigaciones
y en la opinión pública. Lo curioso, en todo caso, es que el debate
se alejó de la denuncia hecha por Moynihan sobre las compañías
farmacéuticas y, en cambio, puso el acento en la naturaleza de la sexualidad
de las mujeres.




Fecha: 01-12-2008
Hits: 116


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