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Mujeres de todas las edades son sometidas a la mutilación genital (o circuncisión) contra su voluntad. La Organización Mundial de la Salud calcula que 140 millones de mujeres la padecen. La mayoría han padecido el procedimiento ritual en Africa, en menor medida en Asia y el Medio Oriente. Pero de manera creciente el problema se extiende a todo el mundo como consecuencia de los procesos de migración. La mutilación genital se puede presentar de varias formas, una de las más frecuentes es la escisión del clítoris con parte de los labios menores (mutilación tipo 2); otras muchas veces se trata de procedimientos mucho más agresivos como la infibulación consistente en la extirpación de los genitales externos y estrechamiento del introito vaginal (mutilación tipo 3).
Todas estas lesiones genitales provocan infecciones y a veces esterilidad, dolores crónicos, notables molestias durante el coito, aumentan la práctica de cesáreas. Las condiciones higiénicas en que se realizan las mutilaciones también puede estar aumentando la transmisión del virus del SIDA.
En algunos países europeos existen leyes especiales protegiendo a las niñas y mujeres, como la vigente el Acta de la Circuncisión Femenina de 1985 en el Reino Unido, pero existen pruebas de su incumplimiento y de que algunos profesionales sanitarios las realizan. Los padres que someten a sus hijas a la mutilación genital lo hacen convencidos por 600 años de tradición. Los argumentos empleados para justificar la mutilación incluyen aspectos psicosexuales y sociológicos, místicos y religiosos.
Se sostiene que aumenta el placer sexual en el varón y el deseo sexual en la mujer, aumenta la fertilidad, mejora la higiene y aumenta la cohesión del grupo. Es muy importante desarrollar campañas de educación para que las mujeres tengan información adecuada, proporcionada por mujeres de la propia etnia o grupo cultural, para que se pueda esperar algo de éxito en la prevención de la mutilación genital femenina.
Fecha: 06-09-2008
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