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Cuando el bebé está listo para nacer, la mamá pasa al pabellón, el papá se viste con las botas, gorro, mascarilla y traje de género que usan los médicos, y entra a la sala ubicándose en la cabecera junto a su señora. ?El objetivo del marido no es que mire el parto, sino que acompañe a la mamá. Por eso no es recomendable estar pendiente sólo del acto quirúrgico mismo. Además se pueden producir desmayos o un trauma posterior como la impotencia o disfunción sexual. Claro que cuando va naciendo la guagua, evidentemente que puede acercarse y mirar, y va a ser bonito,? afirma el ginecólogo. Incluso cuando surgen complicaciones, considera que si el padre está tranquilo, se puede quedar, ya que de esta manera puede constatar todo el esfuerzo que hace el equipo médico y valorarlo.
Como el momento lo amerita, las fotos y filmadoras están permitidas, pero se recomienda que el papá entregue las cámaras a un anestesista, auxiliar o matrona para que pueda cumplir su rol de acompañante y disfrutar la experiencia sin la presión de hacer de fotógrafo, cuestión que se torna más difícil con la emoción, misma que le puede jugar una mala pasada y hacerlo caer. Para evitar tratar a tres pacientes, en vez de a dos durante el parto, los médicos interrogan a los esposos. Se les pregunta si se han desmayado anteriormente y cómo han reaccionado frente a operaciones, exámenes de sangre o heridas. Si la experiencia hace temer, se instala una silla al lado de la madre y así se previene que el papá se transforme en el actor principal.
Fecha: 29-08-2008
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