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finales de la década de los 50 se comenzó a usar la talidomida, un fármaco para tratar la ansiedad e insomnio, que también es útil contra las náuseas y vómitos matutinos que sufren las embarazadas. Los efectos no se hicieron esperar. Poco a poco comenzaron a nacer en Europa, Japón, Australia y Canadá niños con graves malformaciones en los brazos y piernas, principalmente. En 1961 los médicos notaron que existía una relación entre el consumo de este medicamento y estas anomalías, así se descubrió que la talidomida era un teratógeno -sustancia que causa el desarrollo alterado del embrión-.
Este caso emblemático que marcó fuertemente a las generaciones que lo vivieron, no se ha repetido en los últimos años y sin duda, nadie querría que así fuera. Quizás, por eso es que en los inconscientes quedó poderosamente impreso aquello de que las embarazadas no deben tomar medicamentos de ninguna clase. Pero esa idea ya debe ser erradicada porque los conocimientos y fármacos alternativos permiten que, incluso mujeres tratadas crónicamente por una enfermedad tengan hijos.
Fecha: 20-11-2008
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