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"La discusión es un buen evento en que los padres enseñan a sus hijos sobre resolución de conflicto y expresión de emociones, como la rabia. Es decir, ellos aprenden que los problemas se resuelven asertivamente o por la violencia, los gritos, amurrándose, separándose, o evitando el conflicto. El impacto en el niño dependerá de la etapa del desarrollo. Si está en la de identificación sexual -4 a 6 años- podría no reconocerse con el sexo que le corresponde, o hacer una identificación errada, por ejemplo, que un niño sienta que para ser masculino hay que ser violento, agresivo o al revés, ser una madre sumisa... En el juego de la disputa no sólo va la resolución de conflicto, sino que también la identificación de roles sexuales, de ser madre y padre. También se enseña un modelo de matrimonio, si una niña tuvo padres muy violentos no le va a sorprender que su pololo sea así con ella", explica la doctora García.
Fecha: 02-12-2008
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