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La pérdida del deseo sexual es un mal en aumento propio de los tiempos que corren. Según los especialistas esta baja no es casual, y tal es así que hasta se animan a señalar al estrés crónico como el principal responsable.
Claro que en este caso el argumento está muy bien fundamentado: se ha comprobado que las víctimas del estrés alteran su conducta sexual, la fabricación de hormonas y la fertilidad. Claro que no hace falta recurrir a un experto para concluir que no está en condiciones de disfrutar de una velada romántica quien se siente acosado por las deudas y presionado por la competencia existente en el mundo laboral.
Cuando esto sucede se rompe el equilibrio necesario para vivir plenamente y se hace presente el sabor amargo del fracaso. ¿Por qué? Sin duda no es nada grato advertir que nuestra performance sexual decae, sin embargo, cada vez son más los hombres y mujeres que se enfrentan a este panorama.
El origen del estrés puede ser orgánico o responder a cuestiones del orden de origen psicológico. Este último factor es el que afecta a la mayoría de los que padecen esta enfermedad, es por ello que no hay medicamento que pueda hacer más llevadero el trance. Claro que esto no quiere decir que el problema no tenga solución.
Las personas estresadas en este caso deben trabajar para cambiar sus conductas y hábitos con el objetivo de armonizar su vida. Parece sencillo, pero no lo es, a veces es mucho más complejo desentrañar males de índole psicológica que curar una pulmonía. Por otro lado, son tantas las cosas que nos pueden estresar, que averiguar cuál de todas nuestras costumbres resulta fatalmente nociva suele ser difícil.
Las mujeres también somos víctimas:
Para mala noticia de las féminas, los hombres no son los único vulnerables frente al estrés. Cada vez más ...
mujeres comienzan a padecer los síntomas de este mal. Las más afectadas llegan a experimentar una disminución marcada de estrógenos lo que se evidencia en la falta de deseo.
La frustración en el ámbito laboral o la falta de oportunidades para encaminar los desafíos creativos personales pueden ser el caldo de cultivo para síntomas realmente desagradables: depresión, amenorrea (falta de menstruación) y anorgasmia (ausencia de orgasmo), son algunas de las facturas que puede llegar a pasarle el cuerpo.
Es sin duda paradojal que ya en el tercer milenio, y tras importantes avances tecnológicos y científicos que hacen más sencilla la vida, los seres humanos vemos cada vez más restringidas la posibilidades de encuentro con el otro. El confort de la vida moderna nos encuentra con tan poco tiempo libre para disfrutar de ciertos placeres terrenales, que a veces es válido preguntarse si el mundo no está equivocando el rumbo. Lo cierto es que el estrés cada vez gana más terreno. A su paso arrasó con el deseo de muchos. Ni siquiera los mejores amantes están a salvo sí este enemigo se filtra entre sus sábanas.
La pérdida del deseo sexual es un mal en aumento propio de los tiempos que corren. Según los especialistas esta baja no es casual, y tal es así que hasta se animan a señalar al estrés crónico como el principal responsable. Claro que en este caso el argumento está muy bien fundamentado: se ha comprobado que las víctimas del estrés alteran su conducta sexual, la fabricación de hormonas y la fertilidad.
Claro que no hace falta recurrir a un experto para concluir que no está en condiciones de disfrutar de una velada romántica quien se siente tironeado ...
por las deudas y presionado por la competencia existente en el mundo laboral. Cuando esto sucede se rompe el equilibrio necesario para vivir plenamente y se hace presente el sabor amargo del fracaso. ¿Por qué? Sin duda no es nada grato advertir que nuestra performance sexual decae, sin embargo, cada vez son más los hombres y mujeres que se enfrentan a este panorama.
El origen del estrés puede ser orgánico o responder a cuestiones del orden de origen psicológico. Este último factor es el que afecta a la mayoría de los que padecen esta enfermedad, es por ello que no hay medicamento que pueda hacer más llevadero el trance.
Claro que esto no quiere decir que el problema no tenga solución. Las personas estresadas en este caso deben trabajar para cambiar sus conductas y hábitos con el objetivo de armonizar su vida. Parece sencillo, pero no lo es, a veces es mucho más complejo desentrañar males de índole psicológica que curar una pulmonía. Por otro lado, son tantas las cosas que nos pueden estresar, que averiguar cuál de todas nuestras costumbres resulta fatalmente nociva suele ser difícil.
Fecha: 02-12-2008
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