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El fumador regula la dosis de nicotina que desea consumir mediante la cantidad de cigarrillos que consume, la profundidad con que aspira, el tiempo que retiene el humo y el tipo de tabaco que usa.
Cuando se deja el cigarrillo, los impulsos por fumar se producen porque el cuerpo quiere más nicotina. Al satisfacer este deseo, aunque sea con una pequeña cantidad, el ánimo cambia, las pulsiones por fumar pueden disiparse y vuelve aumentar la frecuencia cardiaca y la presión arterial.
Cuando se deja de fumar se experimentan intensos signos físicos y psíquicos por la deprivación de la nicotina, los que son especialmente intenso durante la primera semana. Estos verdaderos ataques de deseos por fumar, aislados o en ráfagas, duran alrededor de 30 a 90 segundos. La mayoría de estas pulsiones comienza entre las seis y 12 horas después de dejar el tabaco. La mayor intensidad se presenta entre el primer y tercer día, y puede durar por un total de tres a cuatro semanas. Una vez que pasan los primeros días, estas pulsiones se van distanciando paulatinamente. Existe evidencia de que impulsos poco intensos persisten hasta los seis meses.
Fecha: 29-08-2008
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