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Se manifiestan ya algunos cambios fisiológicos, que son principalmente adaptativos para todo el proceso de cambios que se acerca: aumenta la frecuencia cardiaca y respiratoria; aumenta el volumen sanguíneo, disminuye la presión arterial y se incrementa algo la temperatura corporal. Hay también síntomas propios de este periodo, como son las náuseas y los vómitos moderados, especialmente matinales. Estos se mantienen habitualmente hasta cumplir tres meses (13? semana), donde comienzan a declinar. Es normal que existan, pero también es posible que la embarazada no los sienta en ningún momento y depende mucho del equilibrio psicológico de la mujer y su entorno. Cuando existe un cuadro de vómitos exagerado, puede comprometerse el estado general y llevar a situaciones de deshidratación que ameritan, incluso, una hospitalización. Esto se denomina Hiperémesis Gravídica, y en general, se da con mayor frecuencia cuando hay situaciones hogareñas difíciles con tensión familiar, en que la futura mamá busca mayor atención. No es la única causa, por supuesto, y hay que descartar patologías medicoquirúrgicas. Habitualmente se soluciona a fines del tercer mes.
A partir del inicio de este mes (5? semana de embarazo) hasta mediados del tercer mes (semana 10 de embarazo), existe el mayor riesgo de teratogénesis (malformaciones del feto) secundarias a factores ambientales, entre ellos, medicamentos, drogas y exposiciones a productos químicos.
Si todo va bien, como ocurre en la gran mayoría de los casos, se recomienda hacer los controles médicos mensualmente hasta las 37 semanas de embarazo, y de ahí en adelante semanalmente hasta el parto.
Fecha: 21-11-2008
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