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Dejar alimentos al aire libre en los días de calor, tan común en los almuerzos de verano, es uno de los factores que más contribuye a deteriorar las condiciones de nuestras comidas. Esto, porque si bien nosotros continuamente ingerimos una cierta cantidad de microorganismos -que son bien tolerados por nuestro sistema digestivo-, el calor ambiental genera condiciones favorables para que éstos se reproduzcan, y nos ocasionen alteraciones gastrointestinales. Por eso es recomendable comer los alimentos fríos bien fríos, y los calientes bien calientes.
Fecha: 06-09-2008
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