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Categoría Sexo - Sexo y amor

Sexo:la primera vez después del bebé


Acaba de nacer. Llora, tiene hambre y quiere que lo cambien. Y nosotros, ocupados con sus exigencias, lo olvidamos todo: descuidamos la casa, a los amigos e incluso a nuestra pareja, que pide afecto. Es hora de reavivar la pasión. Les ocurre al 80 por ciento de las parejas. Después de la llegada del bebé, tanto él como ella están más ligados que nunca a un sentimiento intenso: la felicidad de tener un hijo. Sin embargo, las primeras relaciones sexuales después del parto se postergan o se viven con miedo. ¿Por qué? En algunos casos, se olvida la ternura y la efusividad de antes. Los besos y las caricias se dan de forma apresurada; los papás temen ser interrumpidos por el llanto del pequeño, que está en la cuna junto a ellos. Todo pasa en un segundo plano El bebé cambia los hábitos de una pareja. Por más deseado y querido que sea, se trata de una tercera persona con la que compartir nuestro territorio. Y no sólo eso. Debemos adaptarnos a sus horarios, que son nuevos para nosotros: el baño, la comida, etcétera. Este cambio en la vida cotidiana se refleja en la sexualidad. Sin contar con que, después del parto, la pareja necesita de un cierto tiempo para reencontrarse. La nueva mamá debe retomar la relación con su compañero, así como establecer una nueva relación con su hijo, que la absorbe profundamente. Es normal que la pareja atraviese una fase de asentamiento, tanto desde el punto de vista sexual como afectivo. Se trata de una especie de ensayo para lograr habituarse a la nueva situación. Todo pasa en un segundo Al principio, el bebé lo llena todo, de tal manera que no buscamos otras emociones. Nos da la impresión de no saber qué hacer frente al torbellino de sentimientos y de nuevas necesidades que nos trastorna. Nos sentimos confusas y también un poco alejadas afectivamente de nuestra pareja. ?Cuidado con dedicarnos única y exclusivamente a nuestro hijo! Al contrario, la fase del postparto puede ser el momento propicio para establecer una nueva relación con la pareja.¿De qué manera? El pequeño nos hace descubrir una forma distinta de comunicación. Observamos sus necesidades y sus exigencias, cómo le gusta que lo toquen, que lo acaricien, que le den masajes... Le encanta explorar su cuerpo y el de su mamá. Lo vive todo como un placer. ¿Por qué no lo imitamos? Uno de los mayores placeres es emplear el tacto, acariciar a la pareja puede llevar a ese erotismo, que está un tanto perdido y abandonado por la llegada del bebé. A menudo el dolor nos asusta demasiado La penetración, incluso después de los primeros 40 días, puede resultar dolorosa, especialmente para las mujeres sometidas a una episiotomía, corte que facilita el nacimiento del bebé. Es cierto que la cicatrización se produce después de una semana, pero se necesita más tiempo para que los tejidos recuperen la elasticidad. Asimismo, hasta que no se reactiva la ovulación, que restablece el equilibrio hormonal, la mucosa vaginal está más seca y la penetración puede provocar dolor. ¿Qué hacer? Utilizar gel y cremas que humidifiquen la vagina, hasta que se restablezca el equilibrio hormonal y el aparato genital vuelva a la normalidad. Para él sólo soy la mamá de su hijo En ocasiones, el nuevo papá ya no ve sexy a su compañera, ya que permanece admirado frente al espejo de la maternidad. Corre el riesgo de considerarnos únicamente mamás, puesto que no puede concebir que nuestros genitales tengan una doble función: la procreación y el placer sexual. Todo esto es cierto, pero muchas veces es la mujer quien pone freno a las relaciones porque teme haber dejado de ser atractiva al tener las caderas más anchas y algunas estrías. Y es ella quien se convence de que no merece la atención erótica de su compañero. El resultado es que prefiere no exponerse al riesgo de un rechazo tan temido. ¿Qué hacer? En esta situación es él quien debe devolver la confianza a su compañera sobre su capacidad de provocar placer, llenándola de afecto y haciendo que se sienta deseada. El bebé está en la cuna: ¿nos puede oir? La idea de que el pequeño está cerca de nosotros y que de algún modo puede oír a papá y a mamá, aunque no entienda lo que sucede, también puede bloquear nuestras relaciones sexuales. Es una sensación que inquieta, incomoda y que, a menudo, impide que vivamos de forma serena nuestro momento de intimidad. En realidad, los niños tienen un sueño bastante profundo y es raro que se despierten. Sin embargo, es cierto que si sucede pueden llegar a sentirse molestos por los gestos a veces agresivos del acto sexual. ¿Qué hacer? Reservar para el bebé, desde el primer momento, un espacio separado del de los padres. De esta manera, evitamos vivir una relación apresurada y cargada de ansiedad. ?Auxilio, ya no me siento sexy! Cristina C., maestra, 32 años. En los días posteriores al parto, dejé de sentir el deseo sexual. Achacaba esta sensación al estrés físico y emocional, a las nuevas responsabilidades y al cansancio. Pero también estaba lo "otro": me miraba el estómago y los pechos engrandecidos, el abdomen con estrías y las piernas hinchadas, y me sentía desconsolada. Odiaba el espejo...Pensaba: ?Ya no volveré a estar nunca como antes?. Y estaba realmente afligida. Jorge, comprensivo y afectuoso, me decía que le gustaba mucho, con el cuerpo de "mamá". Sin embargo, estos piropos suyos sólo lograban irritarme. Afortunadamente, una amiga que había tenido un hijo un año antes que yo me brindó su ayuda y me dio confianza mostrándome unas fotografías suyas del período de lactancia y las inmediatamente posteriores. Me di cuenta de que era posible recuperar la forma perfecta al cabo de unos meses. Únicamente hacía falta una dieta adecuada y un poco de ejercicio. Cuando no descanso y duermo , es imposible Isabel A., diseñadora, 28 años. Grita, llora, come, duerme...Mi ritmo y el de la pequeña. Sus sonrisas y sus gestos me conmueven de una manera tan profunda que no dejo espacio para ninguna otra emoción. Esto trajo un trastorno total de mi vida, así como una pérdida de interés por las cosas normales: seguir un noticiero, platicar por la noche con mi marido, etc. Debo señalar que él me ayuda y siempre está disponible, pero yo no lograba administrar mis fuerzas. El día se me hace muy corto y en un par de meses tendré que volver al trabajo. De esta manera, cuando llegaba el momento de relajarme por la noche y de encontrar la intimidad con mi marido, yo no podía. Lo único que era capaz de hacer es dormir. La idea de estar el uno en brazos del otro no me provocaba ni placer ni ternura, sino miedo a soportar otro esfuerzo. Me dí cuenta de que no podíamos continuar de esta manera, así que le pedí ayuda a mi mamá, que se va a quedar con la niña cada sábado. De este modo, nosotros podremos salir y conversar. Una vez al mes, mis padres se quedarán con ella todo el fin de semana. Nosotros dispondremos de dos días para recuperar nuestras ganas de amarnos. No quería que me acariciase el pecho Celia L., abogada, 34 años. ¿Mi pecho? Había crecido mucho y me dolía. Pensaba que al recuperar el ciclo menstrual volvería a la normalidad. Sin embargo, ese momento me parecía muy lejano y ni siquiera seguro. Mientras tanto, no quería que mi marido me mirase ni me acariciase. El ginecólogo me había dicho que no me preocupara: la sensación dolorosa era producto del aumento de la prolactina, la hormona de la leche. Pero yo sentía que algo más profundo amenazaba mi serenidad. Y era ese algo el que inhibía el deseo. Decidí dirigirme a un psicoterapeuta, el cual me hizo reflexionar sobre mi dificultad para conciliar las dos partes que hay dentro de mí: la madre y la mujer. Durante el período de lactancia sólo ejercía de madre y no era capaz de hacer aflorar mi feminidad. Ya no tenía ganas de vestirme bien ni de maquillarme. Con la ayuda de la psicoterapia salí de esta situación. Ahora estoy muy contenta. Tal vez mis pechos no son aún tan bonitos como antes, pero me provoca placer redescubrir la expresión de admiración de mi marido sobre esta parte de mi cuerpo, que ha alimentado al pequeño. Algunas veces, basta con muy poco para superar las dificultades: hablar más con él y organizarse mejor. 10 reglas para recuperar el placer sexual ACARICIARSE. El contacto con la piel nos brinda compañía y nos ayuda a comunicar ternura. La razón es también bioquímica: aumenta el nivel de oxitocina, el mediador que refuerza el vínculo afectivo entre la pareja. Asimismo, son sumamente importantes las caricias sobre la cabeza, donde residen muchas terminaciones nerviosas, que la hacen muy sensible. ABRAZARSE intensa y dulcemente. Este acto ayuda a que la pareja se sienta más cerca, incluso cuando el cansancio es muy profundo. ¿Cuándo hacerlo? Antes de dormirnos y al despertarnos. Nos devuelve la confianza, puesto que hace que nos sintamos amadas, pero también capaces de transmitir afecto a nuestro compañero. MIRARSE. Debemos intentar mirar a nuestra pareja a los ojos y así comunicarle las alegrías y los problemas. Un entendimiento que pasa por los ojos puede conducir a un estado de serenidad y de bienestar adecuado para una mayor producción de endorfinas, los neurotransmisores con propiedades analgésicas y calmantes que favorecen la relajación. HABLARSE. Compartir las emociones a través de la palabra es justamente lo que nos ayuda a reforzar el vínculo con nuestra pareja. Después del parto, estamos confundidas; parece que se nos han acabado las ideas. No logramos alcanzar la soltura en el diálogo como antes. Podemos empezar a hablarle de nosotras, de nuestro cuerpo, de las sensaciones que hemos experimentado durante el embarazo, del parto y de cómo nos sentimos ahora. BESARSE. Sentir y expresar la ternura del otro con los besos, que para los orientales constituyen un intercambio de energía y armonía. Un beso puede llevarnos, poco a poco, a lograr reavivar la pasión en la pareja. RECORDAR. Hay momentos durante el día en los que estamos menos agobiadas por los problemas diarios. Estos momentos se pueden dar cuando el pequeño duerme. Es justamente en estos espacios de tiempo cuando debemos ofrecer a la mente la posibilidad de sintonizar con las antiguas emociones positivas de nuestra historia de amor: la conquista, los paseos de enamorados, los primeros besos... FANTASEAR. Podemos asociar los recuerdos con las fanta- sías, es decir, con la capacidad de imaginar situaciones eróticas: hacer el amor en la posición preferida, ver una película romántica, etc. Son momentos que hay que programar antes de dormir, por la noche, justo cuando nos vamos a acostar junto a él. ABANDONARSE. Aunque nuestra pareja esté dispuesta a reanudar las relaciones sexuales en poco tiempo, no resulta fácil alcanzar de inmediato un abandono completo. La adrenalina, la hormona del estrés, está circulando. Podemos resolver el problema con la autosugestión, el yoga u otras técnicas de relajación, o bien sencillamente con una respiración correcta, profunda y rítmica. EXPERIMENTAR. Buscar las posiciones más cómodas y fáciles. Podemos colocar uno o dos cojines debajo de la pelvis, de modo que varíe la inclinación. En cambio, después un parto por cesárea, es más conveniente que él no deje caer su peso sobre la herida. ELEGIR EL PLACER. El orgasmo debe ser nuestro último objetivo. Prácticamente es mejor que lo olvidemos, al menos hasta que hayamos superado los temores del dolor y los problemas de lubrificación. Sin ansiedad, en esta fase es importante que ambos recuperen la confianza en sus cuerpos. Anticonseptivos Si el temor a un nuevo embarazo pone freno a las relaciones sexuales, será necesario un anticonceptivo. Será el ginecólogo quien nos puede recomendar el más adecuado.

Fecha: 28-08-2008
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