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Muchas mujeres sueñan con que algún día, al menos una de sus hijas llegue al altar luciendo el mismo vestido que ellas utilizaron en su matrimonio. Si ésa es su ilusión, lo mejor es encargarle a su mamá, o a una persona de confianza, que revise detenidamente el traje después de la boda por si tiene manchas, descosidos o rotos, entre otros, y lo lleva de inmediato a un centro de lavandería especializado.
Para una correcta conservación, la clave está en los chequeos continuos y la limpiza periódica. Los expertos aconsejan guardar el vestido en sitios con poca luz, frescos y secos, y nunca dentro de los forros de protección de la lavandería sino más bien envuelto en una sábana limpia o en una funda gruesa.
Es necesario revisarlo al menos dos veces al año por si hay deterioros, y llevarlo a lavar así no esté sucio, pues a veces hay manchas transparentes de grasa o de sudor que serán imposibles de sacar con el tiempo.
Fecha: 22-11-2008
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