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Las arterias cerebrales pueden sufrir dos tipos de trastornos: romperse o taparse. Cuando una arteria se rompe se produce una hemorragia cerebral, y según la ubicación de esta ruptura se da origen a una hemorragia intracerebral o a una hemorragia subaracnoídea. Cuando una arteria se tapa se produce una alteración en el aporte de nutrientes básicos (oxígeno y glucosa) a una porción de cerebro, y ello determina la muerte de esa porción del cerebro. A esto se le denomina infarto cerebral.
Los infartos pueden producirse por trombosis o por embolias. En una trombosis se forma un coágulo en un punto preciso de la arteria hasta ocluirla (eso ocurre habitualmente sobre una placa de ateroesclerosis). En una embolia, en cambio, se forma un coágulo en algún sitio distante, y luego viaja por el torrente sanguíneo hasta impactarse en una arteria, determinando su oclusión. La consecuencia para el cerebro es semejante, pero las causas originarias son muy distintas en uno y otro caso.
Fecha: 22-11-2008
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