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La rabia es una emoción, y como tal, es parte de los seres humanos. Al igual que el resto de las otras emociones, la rabia estará actuando siempre, querámoslo o no. Un gran error que podemos cometer es tratar de dejarla de lado. En vez de eso, podemos aprender a demostrar y expresar rabia de manera adecuada.
Debemos tener mucho cuidado cuando nos enfrentamos con un hijo rabioso, ya que éste puede sentir que no lo queremos debido a la mayor frecuencia de retos en nuestro trato hacia él, en comparación con sus hermanos menos rabiosos. Por eso hay que tener cuidado con cuestionar el amor en el proceso de educación. Que el reto no se confunda con desamor.
Los papás tratan de corregir al niño. Sin embargo, los niños no son abstractos. Un niño muy retado siente que la comunicación con él es puro reto y castigo creando una imagen negativa de sí mismo. El niño ve la conducta que se tiene con él y no la intención de corregirlo por el amor que le tienen sus padres.
Es mejor estar alerta a las actitudes o comportamientos positivos. Ir revisando los momentos y felicitarlos siempre que se porten bien. Es mejor que retarlos porque se porten mal.
Debemos buscar maneras de recompensarlos reforzando la parte positiva, estar orgulloso de ellos y así evitar los retos. Acostumbrarlos a la felicitación.
Por otra parte, la rabia es una emoción de tipo secundaria. Esto quiere decir que cuando se descontrola es porque detrás hay tristeza manifestada a través de rabia y por lo tanto la pena que hay detrás no recibe el consuelo necesitado... Una conversación de consuelo puede hacer mucho más que un reto.
¿Cómo es el niño al que le cuesta manejar su rabia?
- Es impulsivo: no tiene capacidad de reflexión. Se le pasa la idea por la cabeza y actúa sin pensar si es buena o mala. Termina las pruebas apurado, se le olvidan las cosas. No revisa las pruebas. Generalmente tiene problemas con las normas y reglas.
- Poco contacto con sus emociones: tan orientado a la acción que no se da cuenta si siente pena o está contento. Hace sin parar a cuestionarse si debe hacer otra cosa.
- No anticipa las consecuencias de sus acciones: al no ser reflexivo, no piensa en las consecuencias. Actúa y lo que venga, venga.
- Baja tolerancia a la frustración: no es capaz de aguantar que le vaya mal. Si no cumples sus expectativas sufre una reacción.
- Dificultad para postergar la gratificación: es un niño "de inmediato". No puede esperar...
- Cambian de estado de ánimo muy rápido: De enojado a contento en dos minutos. Ya demostró su rabia así que puede cambiar. Esto puede ser positivo ya que vacía su rabia sin acumular. No es vengativo.
¿Qué pasa con los niños que son muy rabiosos?
- No reciben el consuelo/cariño que necesitan: debemos hacer un esfuerzo como papás. Si el hijo lo está pasando mal, uno debe hacer lo posible por encontrar soluciones. Debemos entender la rabia como un signo de la pena que hay detrás. Castigarlo sin acompañarlo en su pena deja al niño sin consuelo generando aún más rabia. Debemos tratar de acompañarlo, de ser empáticos.
- Generan mucho rechazo a su alrededor: son los niños que no entienden muy bien que las relaciones son recíprocas. El resto le responde con rabia. Los compañeros dejan de invitarlos o relacionarse.
- Desarrollan una baja autoestima: esto daña la capacidad de enfrentar desafíos. Se destruye a través de los comentarios de terceros: "tú siempre..." o "tú eres....." con adjetivos negativos. Le estamos definiendo su autoimagen por lo que debemos diferenciar entre "eres" y "estas ahora". ?Ser es distinto a estar momentáneamente!
- Aprenden a manipular el medio a través de las pataletas: es una forma aprendida de lograr lo que quieren.
¿Qué es recomendable hacer?
Evitar llegar a la pataleta. Por ejemplo, dejar pasar unos minutos después de la llegada a la casa. No entrar directo a controlar o imponer reglas hasta que haya pasado un rato. Otra forma es desconcentrarlos de sus penas haciéndolos participar en una actividad.
¿Cómo ayudarles a expresar adecuadamente la rabia?
- Modelar su reflexión: pensando en voz alta, dando ejemplo. Los niños aprenden de nuestras formas de expresar la rabia. Portazos, gritos, golpes, etc., se perciben como modelos para abordar sentimientos. Como padres, ¿cómo nos enojamos? ¿Somos descontrolados? ¿Buscamos soluciones racionales?
- Conectar al niño con sus emociones: Decirle que estamos contentos y celebrar. Hay que VERBALIZAR para ayudarlos a conectar, no sólo hacer cosas como salir a celebrar. En la rabia es aún más importante conectar. En los momentos más tensos o descontrolados no se puede ir a preguntar "cómo te sientes". Lo que sirve es acompañarlo hasta que termine su pataleta y vuelva al control. Explicarle como podría haber planteado su pena o rabia en forma conversada como alternativa a la pataleta. Uno puede validar los sentimientos. "Yo te entiendo... qué pena o enojo". Esa conversación es clave cuando ha sido sobrepasado por su entorno.
- Enseñar a evaluar alternativas: los niños no ven otra alternativa a enojarse y pegar. Es su vía de expresarse y no la cuestionan. Es recomendable enseñarles a pensar otras maneras de manifestarse... Pedirles más de una alternativa para que interioricen el hecho de que hay más de un camino de solución. Además, se les abre un espacio de opinión y aporte.
- Causalidad emocional: hacerles ver que las personas que son enojonas provocan rechazo, a las alegres les va mejor... Que las relaciones son recíprocas. La mamá debe mostrar que también se enoja pero manteniendo el control. Hace las cosas mirando las alternativas. Deben explicar los enojos y pedir que las dejen tranquilas. Los niños aprender a ver un enojo controlado. Es capaz de reflexionar sobre las consecuencias. También se pueden usar historias personales o de terceros para aprender la reflexión. Se les transmite las ideas de cómo reaccionar.
A los niños no hay que hablarles demasiado porque son de corto aliento, se les debe decir lo justo y necesario. En general, se acuerdan de las cosas concretas pero debemos darles la oportunidad de madurar lo que les decimos.
Una buena analogía es:
- Filtrar: aprender a filtrar es seleccionar lo que se dice. No siempre decir lo que pensamos sin medir las consecuencias. Ejemplo: el niño pregunta "¿señora, por qué es tan gorda?".
- Mandar: las emociones no te pueden mandar. Aprende a mandar tú la rabia. Aprender a poner la cabeza antes de la lengua, los pies o las manos.
- Frenar: aprender a pararse ante ciertas situaciones. Explicarle lo que es ser impulsivo. Con ejemplos como la historia de la liebre y la tortuga.
Esto es un proceso y se logra con paciencia. ?Los niños se dan cuenta que los van queriendo más! Se sienten más importantes.
Fecha: 20-07-2008
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