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Diagnóstico :
Las revisiones oftalmológicas periódicas que habitualmente se realizan con carácter anual para la detección del glaucoma, incluyen las siguientes exploraciones:
1.- Tonometría o medida de la presión intraocular.
2.- Oftalmoscopía o exploración del fondo de ojo, para comprobar si existe algún tipo de daño en el nervio óptico.
3.- Gonioscopía, para comprobar, en caso de sospecha de glaucoma, a que tipo pertenece.
4.- Campimetría o exploración del campo visual. Esta prueba no se realiza rutinariamente, pero es imprescindible para confirmar el diagnóstico y establecer el tratamiento adecuado. Por eso se realiza cuando la tonometría o la oftalmoscopía hacen al oftalmólogo sospechar que la enfermedad esta en su fase inicial.
Tratamiento :
La acción inmediata otorga mayores posibilidades de éxito al tratamiento del glaucoma. La primera intervención en los de ángulo abierto es, generalmente, con gotas oculares prescritas por el médico, que reducen la producción del fluido en el ojo o facilitan la salida. Si esto no resulta, un cirujano oftalmólogo puede realizar una terapia láser para liberar la salida. Durante un episodio de glaucoma de ángulo cerrado, una mezcla de glicerina y agua (prescripta por el médico) o gotas oculares ayudan a reducir la presión.
Pasado el ataque, tratamientos similares evitan la presión alta. También en este caso, la terapia láser permite prevenir nuevos ataques y hasta resolver el trastorno, al crear un orificio en el iris que resuelve la acumulación de líquido en el ojo.
Un glaucoma secundario se produce cuando una inflamación, tumor, infección, catarata u otro trastorno ocular bloquea la circulación del líquido hacia el exterior. En estos casos, el tratamiento se establece según el origen del trastorno secundario que lo provoca.
Fecha: 21-11-2008
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