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La llegada de un bebé necesita un acople de la pareja a su nueva situación. Por otro lado la calidad de la relación del bebé con la madre y con el padre va a condicionar su futuro.
1. Uno más en la familia
Tras el nacimiento, el bebé inicia un recorrido prolongado en el que va a ser absolutamente dependiente de la pareja, especialmente de la madre, para satisfacer todas sus necesidades, en particular una correcta alimentación, higiene y afecto para un crecimiento y desarrollo feliz.
A pesar de una obligada, importante e intensa relación materno-filial, el padre debe compartir con su pareja parte de los cuidados y por supuesto responsabilidades.
La convivencia como pareja no será la misma después de la llegada del hijo a la casa, y aún siendo un acontecimiento muy feliz cuando se ha deseado un hijo, podrían aparecer dificultades de pareja si con anterioridad no se hubieran clarificado algunas interrogantes.
La pareja debe tener muy en cuenta que el recién nacido ya inicia interacciones con el entorno. Es protagonista principal de las esperanzas, fantasías y temores de sus progenitores.
Las variaciones que este nuevo hijo produce en la estructura familiar y los lazos emocionales que padres e hijos van estableciendo, experimentan cambios con el tiempo.
El llanto, como conducta, tiene la función de conseguir que las necesidades de un niño sean atendidas. La pareja debe responder a esta llamada, interactuando con su hijo, y conoce que la necesidad de atenciones afectivas es tan primaria como las necesidades biológicas.
El niño muestra su satisfacción o estado placentero mediante la sonrisa, una expontanea o endógena, que se ve durante el sueño tranquilo, y otra provocada por estímulos táctiles o sonidos que le son familiares llamada sonrisa exógena, que comienza en las primeras semanas y está orientada a la respuesta social; la observación de una u otra es muy satisfactoria para la pareja, ?sienten a su hijo feliz!.
Es necesario saber que por su inmadurez el recién nacido y lactante va a necesitar la protección y el cariño de toda la familia (padres, hermanos abuelos, etc) y a ninguno de ellos les faltaran deseos de satisfacer esa necesidad, sin olvidar que "la mayor responsabilidad y la capacidad de tomar decisiones respecto a sus cuidados, su salud y su educación corresponde a la pareja".
No es infrecuente que se establezcan comparaciones con sus hermanos o con otros niños, sin caer en la cuenta, que ello puede inducir a comportamientos diferentes a los que le son propios.
Fecha: 21-11-2008
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