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Desde 1997 hasta hoy, más de medio centenar de niños han muerto asesinados por sus padres en episodios de violencia doméstica y entre paliza y paliza a la madre.
Son los "daños colaterales" que pagan los hijos del padre "guerrero" y la mujer apaleada. Los datos proceden de los estudios realizados por Miguel Lorente Acosta, forense, profesor de Medicina Legal de la Universidad de Granada y colaborador del FBI.
Estos datos han sido obtenidos de las estadísticas de los colectivos de mujeres.
Los estudios del Instituto Andaluz de la Mujer indican que uno de cada tres hijos sufre agresiones cuando la violencia es una costumbre en casa.
No obstante, la ley española obliga a los menores a ver a sus padres maltratadores, a estar con ellos en visitas regulares y a ir de la mano de la persona que en casa era el autor de una constante pesadilla.
Los niños están siempre en primera línea de fuego cuando se libra un combate doméstico y, desgraciadamente, suelen ser utilizados por el maltratador para localizar y agredir a la madre. Detrás de una mujer maltratada hay siempre un niño maltratado; estos hijos sufren atrozmente las consecuencias: físicamente porque también suelen padecerlo, psicológicamente porque son testigos de las palizas que recibe su madre.
La directora del Centro de Recuperación Integral de Mujeres y Niños, Ana María Pérez del Campo, cuenta: "Por esta casa han pasado niños de meses que han sido rociados con alcohol por su padre, mientras se les amenazaba con un mechero en la mano; niñas violadas desde pequeñitas... por el hecho de ser padre biológico no debe tener derecho a hacer lo que quiera; no sólo se es padre por engendrar, se ha de exigir mucho más.
Dice Miguel Lorente, el autor de la investigación, que cuando el hombre agresor ve que va a perder a su pareja y que le quitan los hijos, su razonamiento suele ser: "Como yo quiero hacerle daño a ella, habrá que dar donde más duele: hacerle daño a los hijos". Esa motivación existe, porque muchos lo han reconocido así.
En casos de separación donde medió violencia, se dictan unas medidas provisionales y es el juez quien establece el régimen de visitas. "Estas visitas de un agresor deberían prohibirse. Es preferible prevenir y evitar las visitas de un maltratador que exponerse a que éste ataque a un menor" explica Miguel Lorente. La situación de violencia generalizada que padece la mujer la sufren también los niños. Hay que incluirlos a ellos en los programas de tratamiento psicológico y de protección.
Los colectivos de mujeres piden que se suprima el régimen de visitas a hijos después de una separación de los padres por violencia de género. Cuando se maltrata a un niño, no sólo se vulneran sus derechos fundamentales, sino que se pone en peligro su futuro y el de la sociedad en general.
Fecha: 29-08-2008
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