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A lo largo del periodo estival es aconsejable ingerir frutas y verduras frescas y, además, aumentar considerablemente el consumo de agua
Los hábitos de vida y de alimentación cambian con las estaciones del año. Después de un largo y duro invierno, caracterizado por una vida más sedentaria, una dieta hipercalórica y el escaso ejercicio físico, la llegada de la primavera y el verano favorece hábitos de vida completamente opuestos. Es más, nuestro cuerpo necesita una cura de limpieza para eliminar toxinas y el peso superfluo acumulado durante los meses invernales. Por esta razón, conviene aprovechar la temporada de hortalizas, verduras y frutas frescas, excelentes depuradores del organismo.
Consejos dietéticos:
Tanto en primavera como en verano la dieta debe ser eminentemente vegetariana. Por ello hay que consumir frutas y verduras frescas, que, además, están en su mejor momento. Son alimentos ligeros, ricos en agua, vitaminas, fibra y minerales. Durante la primavera y, especialmente, el verano se debe aumentar el consumo de agua porque también aumenta la sudoración del organismo.
Durante el periodo estival, que aumenta el furor por mantener la figura, se puede hacer una dieta hipocalórica, siempre que se incorporen los nutrientes que se necesitan y se cuide la forma de preparación de los alimentos: lavarlos muy bien, cocerlos adecuadamente y cuidar que se mantenga la cadena de frío.
Es aconsejable consumir carne de ave y pescados blancos. En cuanto a los quesos, hay que optar por los magros o frescos.
Por supuesto, se debe reducir el consumo de fritos, y utilizar los aceites vegetales para cocinar.
En general, el aporte calórico de la dieta debe ser medio-bajo y la cantidad de líquidos muy abundante.
En verano, el gran enemigo de los alimentos es el calor, de manera que hay que consumirlos lo antes posible, una vez preparados, y si se ingieren crudos, hay que lavarlos convenientemente para evitar las temidas diarreas o gastroenteritis estivales.
Fecha: 02-12-2008
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