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La premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú ha otorgado su vida al esclarecimiento de los abusos cometidos durante los 36 años de conflicto armado en Guatemala, que dejó un saldo de 200 mil muertos. Su vida como mujer indígena ha estado marcada por la muerte, el exilio y el sufrimiento.
De trato franco y humilde, Rigoberta autodidacta ha escrito tres libros en los que alza la voz en favor de la paz, la justicia y la pluriculturalidad. Su tarea se podría llamar la promoción de la cultura de la paz. A pesar de que su paz va a compañada de hechos de sangre. Con el dinero que recibió por el Premio Nobel, financió un informe que contiene desgarradores testimonios de lo ocurrido en su país.
Rigoberta Menchú Tum no tiene caretas, dice lo que piensa y alza la voz para defender al pueblo indígena. Recibió el Premio Nobel de la Paz en 1992, convirtiéndose en la persona más joven con esta distinción.
Su vida ha estado marcada por pérdidas. Durante el gobierno de Romeo Lucas García, su padre, el catequista Vicente Menchú, fue quemado vivo junto a otras 38 personas al interior de la embajada de España; su madre fue violada y luego degollada, dos hermanos resultaron torturados y asesinados brutalmente por el Ejército de Guatemala. Y perdió un hijo dos días después de nacer.
Estas adversidades han hecho de Rigoberta una mujer fuerte que no evade preguntas y que se emociona con el solo hecho de contar su historia, a pesar de haberla narrado en miles de ocasiones y de ciertas limitaciones en la fluidez de su habla. No le importa recordar con dolor a sus seres queridos si así logra crear conciencia en el mundo de lo ocurrido en su país entre principios de la década de los años 60 y 1996, durante el gobierno militar, período en el que murieron 200 mil personas.
Llegar a ella no fue fácil. Su apretada agenda y continuos viajes fuera del país hacían cada vez más difícil poder entrevistarla, hasta que surgió un viaje relámpago de la Nobel a Buenos Aires para reunirse con agrupaciones indígenas. Era nuestro golpe de suerte, insistir con los encargados para que nos dieran una hora con ella; finalmente ajustamos agendas y llegamos al acuerdo de que la entrevista se realizaría el primer día de su visita en Buenos Aires, a las 8 de la mañana, en el hotel en el cual se hospedaría.
Llegado el día, una llovizna cubría la ciudad, lo que hacía aun más tensa la espera en el lobby del hotel, hasta que uno de sus asesores nos llevó a una pieza contigua a la habitación de la Nobel. Entró con su pelo recogido, mojado y con el típico cinto de colores sobre su cabeza; dio la sensación de que aún dormía, aunque intentaba mantenerse despierta. Nos recibió con un buenos días e inmediatamente pidió un café que nunca llegó, a pesar de su insistencia.
Justicia, derechos humanos y pluriculturalidad son palabras que evoca continuamente y que quedan plasmadas en su biografía, "Me llamo Rigoberta Menchú y Así me Nació la Conciencia" (1983). Este ha sido traducido a más de 12 idiomas y dio vuelta al mundo denunciando las atrocidades que se estaban cometiendo contra el pueblo de Guatemala en nombre de la doctrina de Seguridad Nacional.
En Guatemala, el 60 por ciento de los 11 millones de habitantes son indígenas. Durante los 36 años de conflicto fueron arrasadas 400 poblaciones, 100 mil mujeres quedaron viudas y 250 mil niños, huérfanos.
La última jugada de esta defensora de la paz fue presentar ante la Audiencia Nacional de España una denuncia contra tres ex dictadores y cinco altos mandos militares guatemaltecos, por los delitos de genocidio (exterminio del pueblo maya), tortura, terrorismo, asesinato y detención ilegal. Esta acusación podría llevarla a la cárcel en su propio país, ya que abogados de los involucrados la acusaron de traición a la patria. Digna y con la frente en alto, dice que defenderá sus derechos porque cree en la justicia.
Rigoberta es autodidacta, no concurrió a la escuela formal y a los 12 años comenzó a desempeñarse como empleada doméstica. A los 21 salió del país y se refugió en Chiapas, donde fue acogida por el obispo Samuel Ruiz García. Al año siguiente volvió a Guatemala, pero muy pronto tuvo que refugiarse en Nicaragua y luego otra vez en México.
Desde allí inició una serie de viajes a Ginebra, para participar en grupos de trabajo de la ONU sobre población indígena y denunciando internacionalmente los atropellos cometidos contra su pueblo. Cuando recibió el Premio Nobel de la Paz a los 33 años, su trabajo fue reconocido; el comité que la eligió la describió como un símbolo de paz y reconciliación.
?¿Cambió la vida de Rigoberta Menchú indígena desde que recibió el Nobel?
?Ha cambiado mucho, antes corría detrás de los diplomáticos en los pasillos de la ONU, pedía citas, algunos me daban tres minutos; en cambio, a otros los debía esperar durante semanas. Realizaba conferencias de prensa a las que llegaban dos periodistas y algunos compañeros, quiero decir que no fue suficiente que yo fuera sobreviviente del genocidio para que el mundo me escuchara, no lo fueron los miles de guatemaltecos que buscaban refugio para que el mundo escuchara, fue necesario un título para que eso ocurriera. Estoy muy honrada de tener ese título, ya que ahora se escucha mi voz.
Sus ojos se llenan de orgullo al recordar esa época en la que no le importaba aguardar, dice que se lo debía a sus seres queridos.
?¿Y un honor?
?Yo siempre digo que he hecho cuatro cosas en mi vida que me dan orgullo y tal vez sólo con eso me quedo. Una fue haber producido un libro que se llama Me llamo Rigoberta Menchú y Así me Nació la Conciencia. Si el mundo hubiera escuchado la voz de mis muertos a través de este libro, seguramente se habría evitado parte del genocidio en Guatemala; segundo, recibir el Premio Nobel, no por la medalla ni por el pergamino, sino porque el trabajo de muchas personas quedó sintetizado en este premio; tercero, haber sido madre es algo impresionante, único; y en cuarto lugar, denunciar a los genocidas. Si los tribunales no funcionan, no es responsabilidad moral, ética e histórica de las víctimas, sino de la justicia y del mundo en que vivimos.
?¿Pero este honor ha tenido su precio?
Su rostro se pone tenso, sus arrugas y ojos café toman un cariz diferente, como si quisiera que sus palabras tuvieran eco dentro de la pequeña habitación.
?Yo trabajo junto a muchas instituciones para promover la cultura de paz. La paz es un código de ética, si no hay justicia no hay paz, si no hay equidad no hay democracia, y sin democracia no hay respeto a las diversas culturas del mundo. Desafortunadamente, mi familia es uno de los casos paradigmáticos en Guatemala, no sólo fue aniquilado el núcleo, sino también fueron asesinados alrededor de 12 miembros. Contar la historia y sufrir es el precio que cargo.
?¿Pero sus ojos evocan rencor por la pérdida, el exilio y todo lo que ha sufrido?
?Soy sobreviviente de la violencia. Creo que si las víctimas sintieran rencor, nadie podría superarlo. Si ellos utilizaran los mismos métodos con que fueron destruidos, estaríamos en un mundo muy violento. Creo que he demostrado en la práctica que somos gentes normales que hacemos todo lo posible para que los crímenes que hirieron a nuestras familias no se repitan en la vida de otros. Y esta es una forma de superar el rencor.
?¿Existe otra forma?
?Me gustaría encontrar los restos mortales de mi madre, me gustaría encontrar que no fue violada ni torturada, hallar el cuerpo de Patrocinio para demostrarle al mundo cómo es destrozada la vida de un joven menor de edad, también los restos de mi hermano Victor. Creo que si algún día les doy un entierro digno, seré feliz.
Mujer Indígena
A pesar de tener un rostro poco expresivo, sus ojos se iluminan cada vez que habla de su pueblo y sus tradiciones, como si quisiera realizar una invitación al mundo entero para que conozca sus raíces. Pero la rigidez de la cultura maya, prohíbe que personas lejanas participen en ceremonias, hace más difícil comprender sus ritos y mensajes. Y sólo nos queda creer en lo que Rigoberta expresa en lo profundo de sus ojos.
Rigoberta Menchú es descendiente de la antigua cultura Maya-Quiché. Es profundamente religiosa, profesa el catolicismo y también pertenece a la religión maya. Se casó en 1998 con el típico traje de su ciudad natal de Uspantan, característico por su colorido, y un tocado blanco de encajes.
Su marido, Canil, lució un traje oscuro con ribetes multicolores. La boda religiosa se llevó a cabo dos años después de la civil, la ceremonia fue alternada por momentos de pesar y luto por la prematura muerte del hijo de la pareja, T?zunún (Colibrí). La Nobel, ante tan peculiar acto religioso, señaló que era importante festejar la vida y también la muerte.
?¿En qué aspectos se combina la religión católica con la maya?
?Creo en las energías, en la integridad de la vida, en la manera en que mis ancestros rezan y piden perdón. Tengo consejeros espirituales que me anuncian los problemas, desafíos y a veces las desgracias. Es importante entender que por el bien que recibimos pagamos tributos, lo que a veces resulta muy duro. Hay una combinación muy hermosa de la espiritualidad maya que no choca con ninguna otra religión del mundo.
?¿Por qué se define como mujer indígena, agregando su origen?
-En el mundo entero la mujer aún no ha logrado su total emancipación, aunque se ha avanzado bastante en la lucha por la dignificación. En los países pobres, especialmente en América Latina, existe una sobreexplotación de las mujeres y aun más de la indígena. Ya sólo con el hecho de pertenecer a culturas milenarias aumentan los prejuicios, el facismo, los ataques que no permiten la participación de uno con libertad como cualquier mujer que decide volar, ya que tiene conocimiento.
Para no dar a conocer que soy mujer y sólo indígena tendría que haber nacido en otro continente, en otro país y medio. No debería ser difícil entender la pluriculturalidad del continente, pero aquí ha habido exterminio, esterilización, porque saben que las mujeres indígenas son poseedoras de enseñanzas, sentimientos, y que son las preservadoras de la cultura.
?¿Preservar la cultura indígena significa desistir de la tecnología?
?La tecnología es una fantasía, no toda la gente es beneficiada con ella, especialmente con la inmensa carencia y pobreza de todos los países de América Latina. Lo que pasa es que nosotros quisiéramos esconder a los pobres bajo los edificios y quisiéramos creer que la tecnología ha llegado a todo el mundo, y no es así.
?¿El mundo indígena siente un cierto rechazo por estos avances, en búsqueda de mantener sus raíces?
-Sigue siendo uno de los grandes desafíos del milenio que los países de América Latina entiendan la perspectiva del mundo como plural y que las culturas van a convivir siempre sin importar los años que pasen. Entonces, los pueblos que han sufrido el exterminio deben comprender que la cultura no muere a pesar de la destrucción, el racismo, marginación e incomprensión. Los indígenas deben estar seguros de que sus culturas perdurarán.
?¿Cómo evalúa este desarrollo en el mundo?
?En el mundo se está viviendo una incertidumbre, hay más enfermedades, un sostenido deterioro del medio ambiente, insensibilidad en temas de derechos humanos y mucha impunidad. Por eso llamo a la gente a que sea actor social, que se preocupe de buscar solución a los problemas; no podemos soñar con un mundo ideal cuando éste tiene una gran cantidad de dificultades.
Me alegra que en el último tiempo haya una globalización del trato en materia de derechos humanos, así hay más búsqueda en la justicia universal y más reclamos para que nuestros tribunales funcionen. Creo que se debe entender que el desarrollo a futuro de la humanidad es a través de la aplicación de normas. Una sociedad civilizada que sancione juntos los graves crímenes que ocurren en muchas partes del mundo.
?¿Estas sanciones ciertamente van acompañadas de reconciliación?
?Creo que la reconciliación pasa por la justicia, si no es imposible una verdadera reconciliación, un verdadero encuentro. Lo que yo he observado en América es que hay un país que se divide en dos, el de las víctimas y el de los victimarios. Y cuando no se reconoce la dimensión de los conflictos y de la violencia que se usó contra la gente, es imposible compartir un país con victimarios que niegan sus atrocidades.
Si nosotros no rompemos esas brechas con la justicia, estoy segura de que nuestros países van a ser siempre dos historias confrontadas. Ahora es el momento de encarar el duelo, al hacerlo vamos a poder resarcir los daños causados. Y por eso lucho por la justicia para prevenir acciones más violentas en el futuro.
Nuevamente la Nobel endurece sus facciones, se apasiona y pide una taza de café que no llega.
Señora Buena Voluntad
También se desempeña como embajadora de Buena Voluntad de la Unesco, embajadora de Buena Voluntad de la ONU en el Año Internacional de los Pueblos Indígenas, promotora del Decenio Internacional de los Pueblos Indígenas del Mundo. Fue miembro fundadora de la Iniciativa Indígena por la Paz (1993), instancia internacional independiente integrada por indígenas que buscan contribuir a la protección de los derechos de los Pueblos Indígenas en todas partes del mundo.
Además, ha recibido numerosas distinciones nacionales e internacionales y 19 doctorados Honoris Causa por parte de universidades europeas, latinoamericanas, norteamericanas y del Japón. Su tarea se podría llamar promoción de la cultura de la paz. A pesar de que su paz va acompañada de hechos de sangre.
Con posterioridad a su biografía publicó Rigoberta: Senza Frontiera (1997) y sus versiones en español, Rigoberta: la nieta de los Mayas (1998), y en inglés, Crossing Borders (1998). En él cuenta los desprecios y humillaciones recibidos en los pasillos de la ONU y en las aduanas europeas y americanas.
En febrero de 1999, la Comisión para el Esclarecimiento Histórico de las Violaciones a los Derechos Humanos dio a conocer su informe: Guatemala: Memoria del Silencio; en sus 12 tomos se consigna que el Estado cometió genocidio y en sus páginas se narra un sinnúmero de testimonios tan desgarradores como el que dio Rigoberta 16 años antes, en su intento por romper el muro del silencio.
Este informe pudo producirse gracias a la fundación que lleva su nombre. Cuando recibió el Nobel no existía ninguna institución que realizara un trabajo de investigación y que tratara de construir lo que ya se había roto. Con el dinero financió la fundación de estudios.
Otro documento conocido como REMI, Recuperación de la Memoria Histórica, registra las atrocidades cometidas por los escuadrones de la muerte, recuerda y detalla las circunstancias de las más de 55 mil violaciones de los derechos humanos, y levanta una investigación profunda de lo ocurrido.
Este informe causó el asesinato en el garaje de la casa parroquial de monseñor Juan Gerardi, fundador de la oficina de derechos humanos del arzobispado, 48 horas después de la presentación ante las autoridades. La Nobel, afectada como todo el mundo por el sangriento hecho, dijo encontrarse llena de dolor y también de cólera e indignación por este asesinato político.
?¿Cómo puede vivir en un país que le ha hecho tanto daño?
?Creo que mi destino es Guatemala, jamás volveré al exilio, aun si volvieran las adversidades. Hay cosas que son difíciles, pero si he de morir algún día, ha de ser en Guatemala.
?¿Cómo ha visto el proceso de reconciliación en su país?
?Ha sido un proceso hermoso que nos permitió finalizar el conflicto armado, pero todavía nos queda un enorme trabajo para reconstruir la dignidad de Guatemala, reconstruir las instituciones, apartar la corrupción y el vicio de la guerra sucia que afectó a mi país. También ha sido doloroso, ya que debemos enfrentarnos con la realidad de un país en el que se cometió todo tipo de abusos y atrocidades. Sabemos que vamos a necesitar bastante tiempo, probablemente no alcanza con una década, creo que los próximos años vamos a enfrentar nuestro dolor y verdad día a día.
?¿Apoya otros procesos de paz?
?Estamos siempre acompañando al pueblo colombiano, al chapaneco. En general, siempre estamos apoyando la esperanza de la paz. Hay que entender que la paz es cultura, educación, aunque haya muchas personas que igual tienen un título y que son totalmente ajenos a los problemas de la humanidad. Todo este tema se reduce a que la paz es una visión intercultural del mundo desde una perspectiva de tolerancia y justicia.
Los encargados de prensa de Rigoberta Menchú amablemente golpearon la puerta y afirman que cientos de indígenas argentinos la esperan para hablar acerca de los problemas que los aquejan. Así que repentinamente la entrevista debe acabar, pero Rigoberta posa antes para las fotografías y nos invita a pasar por Guatemala; le reclamamos "y usted a Chile", y afirma que por el momento no está en sus manos, pero que sí desea hacerlo. Sonríe, da la mano y se despide con un hasta luego, y vuelve a reclamar con su voz grave "?Un café, por favor!".
Fecha: 02-12-2008
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