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Al principio no te preocupaba. Se chupaba el dedo para dormir y hasta te resultaba gracioso. Pero ahora se ha convertido en un hábito y te está costando mucho que deje de hacerlo. Algunos niños se chupan el pulgar porque les reconforta y les da sensación de seguridad. Es muy habitual que lo hagan cuando sienten que no tienen sus necesidades básicas cubiertas, por ejemplo cuando tienen hambre o sueño. Pero puede ser que algunos niños lo hagan en cualquier circunstancia y durante mucho tiempo. Es recomendable que abandonen este hábito antes de los 4 años y medio, ya que podría provocarles deformaciones en la boca.
Muchos padres se angustian al ver a su hijo, ya mayor, con el dedo en la boca y le transmiten su ansiedad, reprimiéndolo o humillándolo. Con ello consiguen, a menudo, aumentar su mala costumbre. Es probable que si os encontráis en esta situación hayáis intentado diversas estrategias que no han resultado efectivas. ¿Qué tal un cuento?
¿Qué cuento podemos contar?
A continuación te proponemos un guión, pero te animamos a que dejes volar tu imaginación y que añadas al cuento todo aquello que se te ocurra. De hecho, tú eres quien mejor conoce a tu hijo, y seguro que sabes crear historias adaptadas a su edad, gustos y necesidades.
Coco era un mono pequeñito que vivía en la selva con sus papás y sus hermanos. Tenían su casa encima de un árbol y, cuando salían a buscar comida, saltaban de rama en rama con sus brazos flexibles y sus largas colas. Coco no, porque aunque ya no era un bebé, todavía era pequeño para saltar como los mayores, estaba practicando y miraba cómo lo hacían los demás para aprender más deprisa. Él también tenía la cola muy larga, pero aún no sabía muy bien cómo utilizarla. Como era el más pequeño de los hermanos, su mamá lo cogía en brazos, y a Coco le encantaba balancearse mientras se chupaba el dedo. Entonces se quedaba dormido.
El monito iba creciendo y seguía chupándose el dedo. Sus hermanos se metían con él: "?Coco, deja de chuparte el dedo!, si continúas así nunca sabrás utilizar tus manos". Y era verdad, porque todavía no sabía muy bien cómo colgarse de los árboles, y además mientras se chupaba el dedo no podía jugar con sus hermanos. Pero es que le gustaba tanto? que le daba igual que se rieran de él.
Un día, Coco estaba solo encima de un árbol. Como siempre, tenía el dedo en la boca. Hacía mucho viento y sus hermanos habían ido a jugar a otro lugar de la selva, aunque a distancia los veía saltar por las ramas y colgarse de las lianas.
De repente, Coco oyó un gritito: "?Aaayy!". ¿Qué era aquello? ?Un pajarito a punto de caerse del nido! El viento lo había empujado y se agarraba con fuerza al nido, pero estaba a punto de caer. "?Eh, monito, ayúdame, no puedo más, me caigo". Coco pensó: "Y ahora, ¿qué hago? No sé cómo ayudarle, pero no puedo dejarlo así". Sin saber muy bien qué hacer, el monito se sacó el dedo de la boca y fue agarrándose de rama en rama, tan rápido como pudo, cogió al pajarito y lo metió otra vez en el nido.
"Muy bien, Coco", oyó detrás suyo. Eran sus papás, que habían regresado de buscar comida y estaban muy contentos. "Gracias, muchas gracias", dijo el pajarito. "Eh, ¿sabéis lo que ha hecho Coco?", dijeron sus hermanos a los vecinos. Y Coco, muy sorprendido por su éxito, se dio cuenta de la cantidad de cosas que podía hacer con sus manos. "Nunca más volveré a chuparme el dedo. Ahora sé que mis manos son muy valiosas y que con ellas puedo ayudar a los demás". Ese día, hubo una fiesta a la que acudieron todos los habitantes de la selva. Y Coco ayudó a preparar la comida para todo el mundo.
Fecha: 02-12-2008
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