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Este tipo de trastornos puede afectar tanto al hombre como a la mujer, sin embargo el término se explica casi exclusivamente en relación con la mujer. Consiste en la inhibición de la libido e incapacidad para disfrutar de las relaciones sexuales y por tanto no se tiene apetito sexual o éste es muy débil y por tanto insuficiente para tener iniciativa en las relaciones sexuales o hace rechazar las tentativas del compañero sexual. Las causas son múltiples, desde una pobre educación sexual hasta un desequilibrio hormonal.
La frigidez puede ser de origen físico, pero lo más normal es que sea de origen psíquico.
Causas Físicas:
La pared vaginal normalmente se lubrifica con un líquido que segrega y cuando éste es escaso o no se produce las relaciones sexuales pueden resultar dolorosas y llegar a provocar aversión. La causa fisiológica más común de este problema es la deficiencia de estrógeno, lo que es habitual en la menopausia. Asimismo existen otras causas fisiológicas de este trastorno como por ejemplo: ulcera o inflamación de la vagina que puede producir dolor agudo en las relaciones sexuales (dispaurenia) y conducir al vaginismo.
El Vaginismo es un trastorno al que se puede llegar en ciertos casos de frigidez. Consiste en que la estimulación de la vulva provoca una fuerte contracción en el tercio inferior de la vagina y ello hace que la penetración no sea posible. En todo caso este trastorno no impide obtener el orgasmo a través de la estimulación del clítoris.
Causas Psíquicas:
En una gran mayoría de casos las causas de este trastorno son psicológicas y se debe al temor a un embarazo, miedo al sexo, sentimiento de culpa u hostilidad inconsciente hacia el compañero sexual o un trauma producido por ejemplo por una violación. En estos casos se recomienda la psicoterapia.
En la etapa del Climax el trastorno sexual que afecta a la mujer es la imposibilidad de alcanzar el orgasmo, lo que además produce un sentimiento de profunda insatisfacción. Las causas más comunes de este trastorno son: una postura inadecuada o una incapacidad de abandonarse plenamente al placer sexual. Esta falta de orgasmo a pesar de haber alcanzado el clímax puede producir dolor debido a la acumulación de sangre en los órganos genitales durante la excitación. El dolor, no obstante, desaparecerá una vez pasada la excitación.
Consejos:
- Cuando el trastorno se presenta no debe ser motivo de preocupación, ya que esto puede dar lugar a otros trastornos (depresión, ansiedad, etc.) y agravar el problema.
- Dialogar con el compañero del problema de una manera sincera y comprensiva y exponer cada uno las propias necesidades y preferencias eróticas y entenderlas.
- Es muy importante la relajación en todo encuentro amoroso, y si es necesario recurrir a música suave, luz tenue u otros recursos del agrado de la pareja. Practicar ejercicio regularmente y una alimentación sana es importante también para evitar este trastorno, ya que una mala nutrición puede contribuir a la pérdida de la libido y la depresión general de la función sexual.
- Terapia conductista que consistirá en informar a la pareja y favorecer la comunicación entre ambos y en algunas ocasiones se establece un programa que comienza con abstinencia y un establecimiento gradual del contacto de la pareja de abrazos, besos, etc. Hasta finalmente llegar al coito. Se pasará a la etapa siguiente siempre que ambos hallen placer en esa fase.
- También se puede utilizar acupuntura y moxibustión, homeopatía, fitoterapia y aromaterapia para corregir los desequilibrios hormonales y conflictos anímicos que puede producir la frigidez.
- La ayuda médica consistirá probablemente en tratar los factores físicos que reprimen el deseo sexual o impiden el orgasmo, como la sequedad vaginal y la dispaurenia (relaciones sexuales dolorosas).
Fecha: 01-12-2008
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