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Categoría Familia - Padres

Los riesgos de tener una pareja "simétrica"


¿Qué sucede en un matrimonio cuando ambos son líderes? Esta realidad, cada vez más usual entre las parejas jóvenes, ha llamado la atención de los especialistas, quienes al unísono alertan que si bien pueden llegar a ser muy felices, enfrentan un gran riesgo cuando no han aprendido a complementarse. Sometidos a la lucha de poder son capaces de llevar sus discrepancias a límites insospechados. No es por falta de amor, sino por la incapacidad de ambos para asumir su fragilidad. Ninguna investigación en el mundo ha encontrado un solo cromosoma que pruebe nuestra tendencia natural a la fidelidad, a la entrega abnegada y sin límite, pero lo cierto es que todos los humanos buscamos la estabilidad afectiva, aspiramos a formar pareja y compartir un amor auténtico. Pero llevarlo a la práctica supone un camino largo y difícil, una experiencia que cada cual vive de forma distinta y en la que los aires post modernos comienzan a imponerse. En el panorama amoroso nacional cada vez es más frecuente ver a parejas conformadas por líderes: un hombre y una mujer que por separado son ?primeras potencias?, exitosos en sus respectivos ámbitos laboral y social y cuyos rasgos de carácter determinan una manera muy peculiar de convivir. Son las parejas ?simétricas?. Ambos quieren hacer las mismas cosas, conseguir el bienestar económico cuanto antes, mantener a la familia, tener actividades propias, cultivar los grupos de referencia y las amistades. Privilegian la autorrealización, que la misma sociedad se encarga de exacerbar al poner el péndulo del éxito del lado de la valoración individual. Al estar inmersos en un modelo de mayor exigencia, a ambos les cuesta meter tijera a su agenda y darse el tiempo para el otro. ?Pero si a pesar de ello han aprendido a complementarse y entienden que en los distintos dominios uno puede ser bueno para organizar las actividades sociales y el otro tener la capacidad de manejar conflictos emocionales, o uno ser eficaz a la hora de tomar decisiones en el mundo externo mientras el otro tiene habilidades para manejar las relaciones con la familia, pueden funcionar bien?, explica la psicóloga Marisol Del Pozo. El problema surge cuando estos ?dos Everest? que se hacen el peso y son inteligentes, tienen un carácter controlador y son celosos de su autonomía. Entonces, sometidos a la lucha de poder, son capaces de llevar sus discrepancias a límites insospechados. ?Los rasgos de carácter propios de un líder acostumbrado a decirle al otro lo que debe hacer se exacerban, desequilibrando aquel principio rector de las buenas relaciones afectivas que se da cuando el hombre y la mujer sienten que lo aportado a la pareja es valioso para sí mismos y para el otro?. Así, ante cualquier diferencia, la primera reacción será decirle al otro que está equivocado. ?Dan razones para demostrar que la realidad es así y no es asá, y lo único que logran es clavar más los tacos en el suelo?, asegura Fernando Coddou, fundador del Instituto de Terapia Familiar de Santiago. En ese momento los ?Everest? pueden entrar en una guerra campal, una desgastadora carrera para comprobar quién es el mejor en todo. Cada uno intentará imponer su verdad y demostrarle al otro que lo que hace no vale. Así la negociación, indispensable en cualquier convivencia, termina planteándose en términos absolutos y muy negativos: quién propone y quién acata, quién domina y quién se somete, quién manda y quién obedece, quién le impone su panorama a quién. ?Cada vez veo más parejas jóvenes que no se dejan pasar una, que están mucho más puestas en el yo, que en el tú o en el nosotros. Les cuesta ceder espacios al otro y están más bien por competir y por llevar esa contabilidad invisible del tipo: ?la vez pasada la película la elegiste tú y ahora me toca a mí. Están negociándolo todo y eso es muy dañino?, afirma el psiquiatra Fernando Rosselot. La intimidad también va a ser un tema conflictivo en estas parejas, porque competirán hasta por quién es el mejor amante. ?Viven un distanciamiento pasional, están en una especie de indiferencia sexual que les preocupa, pero no les angustia. No sufren porque su apatía es más global. Como no comparten prácticamente ningún espacio, no se dan el tiempo para estar con el otro, para el goce y el disfrute mutuo, y por lo mismo el deseo no surge. Yo diría que esa estructura es bastante frecuente de ver?, explica Rosselot. Marisol del Pozo recalca que ?si en la pareja no hay reciprocidad o renuncia por el otro, evidentemente aparecen los problemas?. Hay casos en que los conflictos de poder se vuelven crónicos sin que el matrimonio decida separarse. O bien, la pareja termina desviando sus problemas a través de los hijos y así, en vez de pelear entre ellos, comienzan a dirimir sus diferencias por el niño, que a la vez comienza a tener problemas afectivos y sociales. Se produce lo que los terapeutas llaman la ?triangulación de la relación?, donde hay un hijo alivia el conflicto entre los padres a través de sus propios síntomas. Para estas parejas la terapia puede ser un salvavidas. Por lo general, llegado este punto el terapeuta recibe a unos amantes enfrentados a momentos de mucha crisis ?y con el mecanismo de la proyección muy instalado, donde el otro siempre es el culpable de todo?, añade Marisol del Pozo. Los terapeutas de pareja explican que el poder no debe ser algo estático. Al contrario, lo ideal es que sea muy flexible e, incluso, cíclico. En un determinado momento puede haber uno que esté más fuerte, más armado o en una mejor posición, por ejemplo, frente a la cesantía de su pareja. Y en otro momento puede ocurrir lo mismo, pero a la inversa. Y alertan: ?Si una pareja define rígidamente ?lo que vale es esto, esto y esto?, entonces sólo el que tiene esos recursos personales reconocidos es el que instala el poder para siempre. Ahí no hay reciprocidad sino que un individuo sometido a la voluntad de otro?. Qué hacer ante un conflicto Después de interrogar a 100 mil personas en la universidad de Warwick, el economista británico Andrew Ostwald, concluyó que el 60 % del bienestar personal se apoya en el amor y que el factor esencial de la felicidad está en lograr un matrimonio pleno. El médico español, Francisco Alonso, grafica este sentir en el Gran libro de la mujer (Temas de Hoy), cuando asegura que ?las personas separadas y divorciadas muestran las tasas más altas de depresión?. Y porque la calidad del vínculo sí importa es que el terapeuta de pareja Fernando Coddou, asegura que no hay que precipitarse y tomar decisiones en momentos de crisis, para luego no poder echar pie atrás. ?No hay que leer el desencuentro que tenemos como producto del desamor?. Porque en las parejas inmersas en un conflicto de poder grande, lo que hay son carencias e inseguridades personales que no permiten enfrentar los problemas de otro modo. ?Lo que pasa es que nos cuesta mucho creer que este hombre que dice amarme o esta mujer que dice amarme se comporte así conmigo. Pero es al revés. Como me importa tanto el otro, me duele lo que me dice, me afecta que esté distante, me importa tanto que no me entienda?, explica Coddou. Quizás el desafío para ambos sea encontrar su forma particular de vivir en pareja satisfactoriamente. ?Las personas quieren según como son. Y si el conflicto no ha llevado a un deterioro tal de la relación que extinga el amor y las ganas, se los puede apoyar, motivándolos a desarrollar sus recursos personales: madurez, tolerancia, capacidad de empatizar con el otro, de entender cuál es el conflicto de la relación, y hacerse cargo de sus propias fragilidades, para que no proyecten todo lo malo en el otro. Debemos entender que detrás de un peleador siempre hay un asustado, alguien que está defendiendo lo que siente amenazado?, dice Marisol del Pozo. Coddou añade: ?Hay que ser valiente en el amor y preveer que siempre es importante darse espacios para el otro, para conquistar, seducir, jugársela. Si todos lo pasamos mejor cuando no hay peleas de por medio, la invitación es a bajar la guardia y echar mano a los instrumentos de conquista para reencantarse?.

Fecha: 07-09-2008
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