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El cáncer de útero es una condición en la cual las células del tejido uterino (endometrio) comienzan a dividirse más rápido de lo normal y pierden su función como parte del útero. Estas células al transformarse en malignas forman una masa en el útero que ocasiona sangrado que puede ser recurrente, irregular o severo.
El diagnóstico
El diagnóstico del cáncer de útero ha cambiado dramáticamente después de la introducción de la prueba conocida como Papanicolaou en 1943. Esta técnica permite de un modo sencillo y no traumático el diagnóstico preciso de la displasia (anomalía en el desarrollo de un órgano) y el carcinoma en mujeres asintomáticas.
Esta cáncer es uno de los tipos más comunes en las mujeres. Se estima que cada año hay 16,000 casos nuevos de cáncer invasivo del útero en los Estados Unidos y cerca de 5,000 defunciones cada año. La incidencia del cáncer del útero varía notablemente de unos países a otros y, dentro de un mismo país, de unos ambientes socioeconómicos a otros. El pronóstico de esta enfermedad depende en gran medida de lo avanzada que se encuentre al momento del diagnóstico. Una gran mayoría de casos, más de 90 por ciento, podrían y deberían ser detectados temprano a través de la prueba de Papanicolaou. La tasa de mortalidad actual es mucho más alta de lo que debería ser y refleja que, aún en la actualidad, las pruebas de Papanicolaou no se efectúan en aproximadamente un tercio de las mujeres que cumplen con los requisitos para esta prueba.
Usualmente, el cáncer de útero se desarrolla después de la menopausia, entre las edades de 50 y 60 años. No obstante, se presenta una mayor precocidad en la presentación de la displasia. Entre los efectos de riesgo del cáncer de útero se encuentran: menopausia después de los 52 años, problemas menstruales, no haber tenido hijos, exposición a altos niveles de estrógeno, terapia con tamoxifeno, obesidad, alta presión y diabetes.
Los factores principales que influyen en el pronóstico están: la etapa, el volumen y el grado del tumor, el tipo histológico, la propagación linfática y la invasión vascular. La disminución de la superviviencia se debe principalmente a la edad avanzada del paciente y al cáncer que ha invadido fuera del útero.
Cambio de hábitos
El surgimiento de cáncer, como muchas condiciones crónicas degenerativas, depende de una combinación de factores ambientales, estilo de vida y predisposición genética. Como no podemos cambiar nuestros genes, si queremos disminuir la probabilidad de desarrollar cáncer, debemos cuidar los factores modificables de nuestros estilos de vida. Una alimentación baja en productos animales, grasas, azúcares simples y alta en vegetales, frutas y cereales íntegros (no refinados) disminuye los riesgos de desarrollar cáncer. La exposición a sustancias que producen especies moleculares altamente reactivas o que debilitan el sistema inmune, tales como el tabaco y el alcohol, aumentan los riesgos de cáncer. Ingerir algunas vitaminas, como la vitamina C, carotenos mixtos y tocoferoles mixtos pueden disminuir el riesgo de desarrollar esta enfermedad.
Tratamiento
El tratamiento de cáncer bajo el modelo biomédico consiste en cirugía, radioterapia y quimioterapia. La cirugía extrae el tumor para sacarlo del cuerpo. En el caso del cáncer del endometrio se remueve el útero (histerectomía). La radioterapia trabaja con la exposición de energía para matar el tumor quemándolo. La quimioterapia es un tratamiento químico con una o más sustancias dirigidas a inhibir la división celular interfiriendo con los procesos bioquímicas de la replicación del material genético o por interferencia con señales hormonales que controlan la división celular. Estas últimas dos estrategias (radio y quimioterapia) son muy tóxicas, por lo que algunos pacientes prefieren otras estrategias terapéuticas. Otros modelos para el tratamiento de cáncer incluyen medicina nutricional e inmunoterapia.
Fecha: 13-10-2008
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