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Según un estudio realizado en la Universidad de Cornell, en Nueva York, los seres humanos estamos biológicamente programados para sentirnos apasionados entre 18 y 30 meses.
Es el tiempo suficiente para que la pareja se conozca, copule y tenga un niño.
Los ovarios también producen testosterona, y cuando sus niveles son bajos, se produce una disminución del deseo sexual.
El deseo de la mujer adulta gana en intensidad al del hombre adulto.
Los hábitos sexuales femeninos han cambiado de forma espectacular en los últimos 30 años, especialmente en la última década.
Desde que apareció la anticoncepción, y más concretamente la píldora, se desligó definitivamente la asociación equivocada de mujer igual a reproducción y a maternidad, produciéndose un avance en la sexualidad.
La mujer reclama su derecho al placer y no duda en experimentar para conseguirlo, la guerra de los sexos está servida. Las mujeres tienen que ser autónomas en su propio placer y sexualidad. No están para satisfacer las necesidades de nadie, están para compartir, desear y vivir experiencias sexuales propias, con sus parejas masculinas o femeninas.
Aunque para algunos especialistas todavía queda por asumir la sexualidad y la genitalidad como algo natural y que produce placer. Ya que nuestra sociedad aún sigue asignando roles sexuales distintos a las mujeres y a los varones.
Hay que educar en la diversidad, pluralidad y respeto. La sexualidad es algo más que gónadas masculinas y femeninas. Y mientras se eduque de forma distinta en cuanto a sexos, las relaciones asimétricas, las relaciones de poder y la violencia doméstica estarán garantizadas entre varones y mujeres.
Fecha: 02-12-2008
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