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AYUDA DE VIDA O MUERTE
Crisis de privación, intentos de suicidio y ataques hacia su persona es lo que deben sortear los cuidadores de depresivos, drogadictos o esquizofrénicos. A pesar de todo, los chaperones confiesan amar su trabajo. Su deseo más preciado: no volver a ver nunca más a ninguno de los pacientes que deben vigilar.
Por Ana María Barra
"EL PRIMER PACIENTE que cuidé a domicilio fue un muchacho de 30 años adicto a la clormezanona, un relajante muscular que mezclado con alcohol provoca alucinaciones y estados de exaltación. En una de sus voladas, empujó a su señora por la ventana y la mató. Cuando llegué a su casa pasaba por una fuerte crisis y su mamá me dijo ?Si tienes que amarrarlo, hazlo??, cuenta Danilo Romero, un joven de 25 años que ama su trabajo y que comenzó como chaperón a los 19.
Pero su primera experiencia cuidando pacientes le provocó una gran depresión.
?Era muy joven todavía y me faltaba formar más el carácter. Tres años después volví a intentarlo y hasta hoy día sigo en esto. Lo que me motivó a volver fue pura vocación.
Danilo divide sus días entre la clínica, la casa de los pacientes y la universidad donde actualmente estudia pedagogía.
Jorgina Farías tiene 10 años de experiencia como chaperona y le ha tocado vivir variadas situaciones.
?Hubo un chico de 17 años que dijo que se iba a arrancar porque quería ir a ver a una amiga que estaba de cumpleaños. Se lo dije a todo el mundo, hasta que efectivamente se le escapó a la mamá y estuvo un par de días desaparecido. Ha sido mi paciente más complicado porque nunca nadie le había puesto límites y vino a saber de reglas cuando se internó en la clínica. Que más encima después yo, que le era ajena absolutamente, le pusiera límites en su casa, fue una situación muy difícil? recuerda esta cuidadora que actualmente está pasando una temporada en el domicilio de un matrimonio de ex drogadictos.
Según los especialistas, la participación de chaperones o cuidadores, (como prefieren ser llamados) en la recuperación de un adicto se plantea básicamente en dos situaciones: cuando existiendo la indicación de una hospitalización, la familia o el mismo paciente rechazan tal opción, por lo que se abre la posibilidad de una hospitalización domiciliaria en la que los familiares deben hacerse cargo de los cuidados del paciente.
?Con frecuencia, los parientes tienen limitaciones prácticas como el trabajo u otras emocionales que les impiden cumplir con el cuidado del enfermo. En esta situación se recurre a personas entrenadas en el manejo de pacientes dependientes de sustancias que apoyan a la familia ?explica el doctor Rodrigo Santis, director de la Unidad de Adicciones de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica.
El otro caso se da cuando, luego de un período de hospitalización, se requiere la transición a un tratamiento ambulatorio. En ese escenario, los pacientes necesitan apoyo externo que la familia no está en condiciones de brindar.
?Las funciones del chaperón dependerán de la severidad de los problemas del paciente, desde hacerse cargo de manera completa de ellos, en el caso de ancianos o enfermos con demencia, hasta tareas concretas y limitadas a determinados horarios del día, en caso de pacientes adultos con familia que puede apoyarlos parcialmente. Existen funciones comunes a casi todos los casos, como convertirse en un apoyo en los momentos de angustia o ganas de consumir, supervisar la toma de medicamentos, alertar y ayudarlos a evitar situaciones de riesgo de recaída, monitorear la evolución diaria de determinados síntomas y otras más específicas que dependen de la patología del enfermo ?describe el doctor Santis.
Blanca Rodríguez lleva más de 10 años cuidando enfermos de este tipo y reconoce que después de haber vivido la experiencia, prefiere ser cuidadora dentro de la clínica que a domicilio.
?Aquí uno tiene mucho más apoyo que en una casa particular. Generalmente los pacientes se infieren heridas e incluso hay otros que son suicidas. En la casa uno no sabe dónde están las armas, mientras que en la clínica estamos todos más seguros ?explica.
Al llegar a un domicilio, lo primero que debe hacer un chaperón es reconocer el terreno: saber cuántas puertas posee la casa, con qué ventanales hay que tener cuidado, si el baño tiene pestillos, si se trata de un departamento en un piso muy alto, y muchos otros detalles que podrían significar un gran riesgo para el paciente en crisis.
?Al principio uno conversa con ellos y tiene que tratar de ganarse su confianza, que no piensen que uno es la ?sapa? sino que está para entenderlos y ayudarlos. Hay que tener mucho cuidado con los medicamentos y con las rutinas porque los pacientes son muy astutos. Es necesario acompañarlos al baño y a veces incluso poner el pie en la puerta para que no se encierren, sobre todo cuando uno recién ha llegado, porque no sabe qué pueden tener escondido. Se debe poner mucho ojo también con la gente que se encuentra con ellos, no solamente con personas ajenas, sino incluso familiares ? cuenta Jorgina.
Ella trabaja en clínica Ñuñoa, donde capacitan a chaperones. Como ella, Oriana tiene estudios en enfermería básica y diferentes cursos sobre el cuidado de enfermos.
?Los pacientes más difíciles de cuidar son los que están en rehabilitación por adicción. Y es que para manejarlos tenemos que estar el ciento por ciento del tiempo con ellos, ni siquiera los dejamos ir solos al baño. Hay que acompañarlos mientras se duchan, vigilar qué comen, quién los visita o con quién hablan por teléfono ?cuenta Oriana.
El sueldo promedio que gana un chaperón en nuestro país es $ 8.000 diarios por un turno de 12 horas y $ 20.000 diarios cuando son jornadas de 24 horas. La mayoría de ellos hace también otras cosas y reconocen que lo que hay detrás de esto es pura vocación.
?Es un trabajo muy bonito para uno como persona, te sientes lleno completamente, te sirve porque lo llevas a tu vida diaria, estás más receptivo para ayudar a los demás, y eso la gente lo percibe. Es que, claro, si te enfrentas a los problemas de un enfermo siquiátrico, después estás mucho más capacitado para afrontar los de la vida diaria ?confiesa Danilo.
Fecha: 29-08-2008
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