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Mi lucha. El libro en el que Adolf Hitler condensó su doctrina antisemita es considerado como el más fiel exponente de la literatura intolerante. Este texto puede condicionar obsesiones y hasta respuestas físicas en personas susceptibles, de acuerdo al doctor Ronald Schulz, y al escritor y sicólogo Jaime Collyer.
La montaña mágica. Thomas Mann narró las aventuras del joven Hans Castorp en un centro de rehabilitación para tuberculosos a principios del siglo XX. Una novela no recomendable para hipocondríacos, al igual que todas las que describan plagas y pestes.
Tus zonas erróneas, de Wayne Dyer. En términos generales, y para evitar problemas de metabolismo que pueden tornarse graves, se recomienda mantener un espíritu crítico con los textos de autoayuda y especialmente con las guías de autohipnosis.
Demonología y ocultismo. Cuando vivió en Barcelona, Jaime Collyer pagó con una gastritis y una prolongada hemorragia nasal el sumergirse en la literatura ocultista y satánica. Uno de sus más distinguidos exponentes es Aleister Crowley, autor de El continente perdido, pero hay muchísimos más.
La asesina ilustrada. Leer una historia también puede matar. Al menos una de ellas pretende hacerlo. Cuando el escritor español Enrique Vila-Matas vivía en París, leyó que Miguel de Unamuno planeó escribir una novela que matara a quien la leyera. Decidió llevar a cabo el proyecto de su compatriota muerto y se lo comentó a su casera, que era nada menos que Marguerite Duras. Ella le respondió que un libro no era como la tumba de Tutankamón, por lo que su idea era irrealizable. Algo desilusionado, escribió La asesina ilustrada, un relato donde el crimen es sólo parte de la ficción. Hasta ahora.
Fecha: 02-12-2008
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