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Ese caprichoso mal de las emociones
Cíclica y descomedida. Yugo constante entre la euforia y la melancolía. Abrumadora y atrayente a la vez. Dolorosa, pero sorprendentemente creativa. Así es esta dolencia que afecta al 5% de la población y lleva al suicidio a uno de cada cinco enfermos.
Por Pía Rajevic
Era 1995 y la osadía de la psicóloga norteamericana Kay Jamison fue mayor: ella misma, una autoridad en trastornos maníaco-depresivos o bipolares, se exhibía como ?caso? clínico, relatando sus propios episodios de manía, depresión y psicosis. Lo hacía a los cuatro vientos, a través del libro Una mente inquieta (Tusquest Editores). Ahí daba cuenta de los efectos de su ignorancia del trastorno y de su sostenida resistencia a un tratamiento, describiendo el largo proceso de tormento y contradicciones que pasó hasta aceptar que estaba enferma. Pero también mostraba su relación de amor y odio con la dolencia. ?Esta enfermedad, mi enemiga y mi compañera fascinante y mortífera, me ha parecido seductoramente compleja, la esencia de lo mejor y, también, de lo más peligroso que llevamos dentro?. Se aventuraba en las razones: ?Mis episodios maníacos, al menos en sus fases iniciales, eran ciclos intoxicantes que me producían un cierto placer personal: un flujo de pensamientos y una energía inacabable que facultaba el trasvase de nuevas ideas hacia artículos científicos y proyectos?. Y explicaba cómo la psicoterapia y el uso del litio (sustancia que estabiliza y regula las emociones en los bipolares) pusieron fin a aquellos momentos desbordantes y exagerados, centrándola y obligándola a buscar el valor de la ?monotonía?.
Su idea era cambiar las actitudes sociales hacia los enfermos bipolares, utilizando su enfermedad como fuente de investigación y, además, desmitificar la bipolaridad ?volviendo hermosa a la bestia?. Una tarea que había emprendido años antes, realizando estudios sobre lo que ella llama la paradójica relación entre una enfermedad que mata -se sabe que lleva al 19% de los casos al suicidio- y la creatividad que surge de las ?mentes inquietas? que la padecen, mediante la investigación de las personalidades bipolares de genios como Van Gogh, Lord Byron y Schumann.
Así, tras interrogarse mucho sobre ?¿por qué no rechazo todo lo que tenga que ver con esta dolencia??, Jamison llegó a concluir: ?Creo que a causa de ella he sentido más cosas y con más profundidad, he tenido experiencias más intensas, he amado más y he sido más amada, he reído más a menudo al haber llorado más veces también, he apreciado mejor las primaveras a causa de los inviernos, he percibido la cercanía de la muerte y -junto con la vida- la he estimado más... He descubierto la anchura y la profundidad de mi mente y mi corazón y he sabido cuán frágiles son los dos?.
La historia de Kay Jamison refleja la odisea que vive la mayoría de los enfermos bipolares. Libró una larga lucha por doblarle la mano a la enfermedad, que se extendió por tres décadas. Comenzó a experimentar desde adolescente síntomas que más tarde, ya adulta y recién iniciada su vida profesional, desencadenarían su primera gran crisis maníaca.
Al final de la secundaria ya habían aparecido sus primeros episodios de euforia. Se sentía tocar el cielo, en un estado maravilloso y le fluían las ideas. ?Kay, hablas muy de prisa, tranquila?, le decían sus amigos. Luego la sorprendía el desánimo, se cansaba hasta de elegir la ropa en la mañana. Sobrevinieron sus primeros deseos de muerte. Bebía vodka con jugo de naranja antes de partir al colegio para espantar esas sensaciones. El desasosiego la invadió, pero escondió el problema y no vio médico, segura de que era capaz de controlarse, pues pasaba también largos períodos sin asomo de malestares. Sólo años más tarde, cuando se convirtió en profesora de psiquiatría de la Universidad de California, tomó conciencia de que estaba muy mal. Tan mal que destruyó, según relata, su matrimonio. Cayó en un estado de aceleración incontrolable. Tenía energías a raudales, corría kilómetros, casi no necesitaba dormir, el sexo no la saciaba. Sufría delirios en los que imaginaba la muerte de todas las plantas del mundo. La crisis también golpeó su chequera: gastó miles de dólares en pocas horas comprando, por ejemplo, una decena de equipos de urgencia contra mordeduras de serpiente y montones de libros sólo porque los títulos le parecían atractivos, como una colección de varios volúmenes denominada La historia natural de los topos. Sólo asumirse enferma y aceptar de por vida las terapias y medicinas, que ahora define como ?mi santuario?, le permitieron dominar a ?la bestia?.
De este lado del mundo, en Santiago, está la pintora Georgia Wilson, quien fue diagnosticada de bipolaridad hace más de una década, cuando tenía 39 años. Como Kay Jamison, también vertió su experiencia en una novela publicada en 1997, que tituló Miles de mariposas, donde relata la atracción fatal que sintió por un hombre que casi la condujo a la locura, tras haberse separado de un marido que le era infiel.
Fue una historia de amor y delirio que la hundió en la psicosis, atormentándola durante cuatro años de su vida, llevándola a abandonar incluso a sus tres hijos. Fueron tiempos en que era capaz de tomar prestado el uniforme escolar de su hija y salir de colegiala en busca del hombre amado. Hurtaba las flores de la iglesia a la Virgen para adornarle el auto, sorprendiéndolo a la salida de su domicilio. Le llenaba el patio con cargamentos de claveles, besados uno a uno, para conquistarlo. Ella explica que hasta el día de hoy no sabe si lo que le sucedió fue a causa de la bipolaridad: ?Yo no sé si soy o fui bipolar, lo que sé es que me salí de mi conciencia para recuperarla. Que me puse más activa, más creativa e hice más cosas que en ningún momento de mi vida. Fue un acto de vomitar para poder volver a pararme. Tuve una crisis que se la doy a cualquiera después de dos décadas de casada, de haber sido la geisha de un marido que descubrí infiel. Me separé y me di permiso para vivir, pero sufrí un rechazo sin explicación del que pensé que podía ser realmente el hombre de mi vida. Eso me golpeó?, comenta. Desde entonces, no ha tenido más crisis. No sigue tratamiento ni toma medicinas regularmente. Quiere recuperar el tiempo perdido con sus hijos y está llena de proyectos artísticos, entre ellos montar la obra Calígula.
¿Qué es el trastorno bipolar? ?Es una expresión del estado anímico caracterizada por la presencia de episodios de aceleración maníaca que duran varios días, que tienden a producirse a lo largo de la vida generalmente acompañados, en otros momentos, de episodios depresivos, con tristeza y decaimiento?, dice el psiquiatra Pedro Retamal. Alteraciones motoras, inquietud, verborrea, hiperactividad, actividades nocturnas, reducción de la necesidad de sueño, aceleración del pensamiento, aumento del deseo sexual y conductas extrañas como sensación de poder o capacidades sobresalientes, y tendencia al consumo y gasto desmedido, definen, entre otros síntomas, a los episodios de euforia.
La enfermedad tiene un origen genético y neuroquímico (se produce un descenso de los niveles de serotonina, un neurotransmisor cerebral), que genera una predisposición a enfermarse. Pero también la pueden sufrir, como explica Retamal, personas que han vivido situaciones tan duras en su infancia que le han generado una alteración cerebral.
Se manifiesta por igual en ambos sexos, pero es más frecuente que ellos comiencen con una crisis maníaca y ellas, en cambio, con una depresiva. El mal muchas veces está latente por años y se gatilla ante situaciones de extremo estrés, como violencia, abusos sexuales, duelos, pues los bipolares resultan más vulnerables a la tensión emocional. Origina, además, graves problemas al entorno del enfermo, afectando a la pareja, familia y trabajo.
El doctor Retamal destaca que el promedio de quienes sufren la dolencia es más creativo e inteligente que el resto de las personas, pero por lo general estos individuos desperdician sus energías al no someterse a tratamiento, ya que con cada crisis se produce deterioro neurobiológico.
La mayoría de los enfermos pasa entre cinco y 10 años sin diagnóstico certero y consulta entre tres y cuatro médicos antes de recibir uno correcto. Se estima que actualmente en Chile hay unas 750 mil personas que sufren de enfermedad bipolar, pero sólo unas 200 mil están diagnosticadas, no teniendo la mayoría de los enfermos conciencia de la afección que los aflige. Esta ignorancia es de extrema gravedad, pues la idea de quitarse la vida es muy común en los enfermos. La periodista Andrea Burón, que hizo su tesis sobre la enfermedad, aporta datos alarmantes: cada día en Chile se suicidan cuatro personas, la mayoría de ellas a causa de este trastorno; actualmente la bipolaridad es la sexta causa de discapacidad en el mundo; es la tercera enfermedad más cara después del Sida y el cáncer.
El gran escolllo para combatirla, como enfatiza la misma Kay Jamison, ?no es la falta de medicamentos eficaces, pues los hay, sino que quienes la sufren a menudo se niegan a tomarlos y, lo que es peor, no buscan tratamiento debido a la falta de información, al estigma o al miedo a sufrir represalias personales o profesionales?.
Fecha: 13-10-2008
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