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El primer reporte del uso práctico del ozono data de 1891, cuando fue aprobada la efectividad de este agente como bactericida en la desinfección de agua potable contaminada. Actualmente es reconocido como el germicida más efectivo para estos fines, ya que su espectro incluye no sólo bacterias, sino también virus y protozoos. Se suma a sus beneficios el hecho de que sus residuos no tienen efectos adversos tóxicos.
Como estrategia terapéutica, el ozono se viene aplicando en humanos desde principios de siglo en un gran número de enfermedades. En los últimos 40 años, su empleo dentro del campo de la medicina ha venido extendiéndose y desarrollándose en diferentes países. Llevan la delantera Alemania, España, Italia, Japón, Estados Unidos, Rusia y Cuba. En muchos de estos lugares existen sociedades nacionales de ozonoterapia.
En Cuba, explican los médicos Pedroso y Calderón, se creó en 1986 la primera sala experimental de ozonoterapia. Desde entonces se han desarollado tratamientos para enfermedades de importancia social con un enfoque clínico investigativo muy estrechamente ligado a los trabajos experimentales de laboratorio. Además, se han realizado diversos estudios toxicológicos que corroboran la ausencia de daño o perjuicio tras la aplicación de este proceder a dosis terapéuticas.
Durante todos estos años, los resultados obtenidos han sido altamente satisfactorios, habiéndose comprobado la eficacia de este método en algunas de las enfermedades reportadas en la literatura, como las afecciones vasculares periféricas, las micosis superficiales, dolores osteoartciulares, entre otras.
También se han conseguido muy buenos resultados en el tratamiento de otras patologías no reportadas anteriormente, como cardiopatía isquémica, demencia senil y accidentes vasculares encefálicos. En los más de 100 mil pacientes que han recibido esta terapia en Cuba no se han registrado reacciones adversas.
Fecha: 02-12-2008
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