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El juego erótico antes del encuentro sexual es tan importante como el mero acto en sí, para tener una buena relación sexual.
Para la gran mayoría de los sexólogos, terapistas o consejeros de pareja, no es raro oír de sus clientes mujeres la queja de que sus compañeros o esposos no las acarician, no hay juego erótico previo al coito, o en otras palabras, como ellas lo expresan "van directo al grano".
La pregunta seria ¿Se lo ha dicho a él? ¿Le ha manifestado a su esposo o compañero lo agradable que seria para usted que la acariciase antes de la penetración? ¿Y que estos juegos podrían resultar placenteros para él también?
No hay porque esperar a que él sepa sus necesidades y gustos, o que los adivine. Es un pensamiento y un error muy común de muchas mujeres que basan su relación en la expectativa poco realista de "sí realmente me ama, deberá saber lo que yo quiero, necesito y espero"; no hay nada más falso y peligroso para la comunicación de una pareja que este pensamiento.
Es muy importante atreverse a hablar, decir sin temor lo que nos gusta y nos desagrada, sin sentir que vamos a herir a nuestro compañero. Para ello utiliza un lenguaje y una actitud amorosa, no se lo digas como una critica o reproche pues de esta forma lo único que conseguirás es romper con la comunicación. Igualmente permite que él diga lo que le gusta y no le gusta, sin que tú te sientas rechazada u ofendida por esto. Así, entre los dos, se sentirán con la libertad y seguridad de expresar sin temor sus preferencias sexuales.
Recuerda que algunas veces los hombres, creen que tener una erección es estar listos para la penetración, sin tomar en consideración si su compañera también está preparada. O tienen temor de perder la erección si no penetra rápido, o simplemente creen que el tiempo que él dedica al juego erótico es suficiente. Por eso, si no se dan espacios y momentos para revisar estos comportamientos y sus preferencias, jamas podrán cambiar su esquema para relacionarse.
Recuerda que en toda relación sexual cada uno debe ser maestro y discípulo de sí mismo y de su pareja. Cuando se conocen entre sí, están en capacidad de enseñarle al otro lo que le resulta placentero y lo que le molesta. Y así, poco a poco, van ajustando sus gustos y consolidando su relación.
Fecha: 05-10-2008
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