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El epicentro del placer no tiene porque encontrarse solamente en el clítoris. El cuerpo de la mujer está lleno al igual que el del hombre de zonas erógenas, los conocidos "puntos G" que poco a poco pueden ir descubriéndose a solas o en pareja. El pecho es una zona que puede proporcionar un gran placer. Acariciarlo, tocarlo de distintas maneras es suficiente para alcanzarlo. También las piernas, las orejas, el ombligo, son todas zonas en las que se encuentra escondido un inmenso placer, si se sabe descubrir de manera adecuada.
La imaginación, la fantasía y sobre todo una mente abierta libre de cualquier tabú o prejuicio es fundamental para conseguir con la masturbación lo que se busca: el placer.
Fecha: 01-12-2008
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