|
No busques más amuletos mágicos ni recurras a consejos de revistas que te llevan a adoptar poses estereotipadas y poco efectivas; los seres humanos somos capaces de crear, de manera natural y por cuenta propia, el más delicado e inodoro "filtro" que nos garantiza sensualidad y atractivo sexual. Conócelo y descubre cómo sacar provecho de él.
Una mujer y un hombre se atraen, intercambian miradas, se reconocen a la distancia y, por fin, se aproximan; escuchan sus voces mientras se observan: rostro, cuerpo, vestimenta; buscan en sus manos algún anillo que delate compromiso conyugal, analizan sus sonrisas. Ella humedece los labios, lo que le indica a él que puede acercarse más; avanza el tiempo y comienzan a tocarse con suavidad, a protegerse. Se besan. En medio de esta escena se encuentra la acción juguetona de Cupido, cuyas "flechas" son, más que una metáfora, químicos que estimulan el deseo sexual: las feromonas.
El descubrimiento de estas sustancias segregadas por hombres y mujeres, que se perciben a través de la nariz, se realizó en 1986 gracias a una investigación encabezada por la Dra. Winnifred B. Cutler, egresada de la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos), quien intuyó acertadamente que los seres humanos contamos con un sistema químico de comunicación sexual, tal y como desde la década anterior se había comprobado que ocurre en el reino animal.
En dichos trabajos se analizaron las reacciones de mujeres y hombres expuestos a estos elementos naturales generados por las glándulas apocrinas (conglomerado especial de células productoras de sudor que se localizan principalmente en las axilas y alrededor de los genitales), así como el papel de éstas dentro de las relaciones sexuales, obteniéndose resultados sorprendentes en cuanto al efecto que tienen sobre libido y salud: hacen más atractiva a nuestra pareja, influyen en la fertilidad y alivian algunos síntomas de la menopausia.
Al menos la primera de estas afirmaciones fue confirmada por una curiosa investigación realizada en la Universidad de Northumbria, en Newcastle-upon-Tyne (Gran Bretaña), en la que un grupo de mujeres observó una serie de diapositivas de hombres y, lápiz en mano, asignaron una puntuación a cada individuo según su atractivo. Los resultados fueron impactantes: el "sex-appeal" de los varones aumentó cuando los científicos rociaron feromonas en el ambiente.
El enigma de cómo se detectan las feromonas, siendo que son inodoras, fue resuelto años más tarde por un anatomista de la Universidad de Utah (Estados Unidos), el Dr. David L. Berliner. Este investigador redescubrió pequeña zona en el interior de la nariz humana llamada órgano vomernasal (OVN), localizado entre la membrana mucosa que cubre el tabique o hueso que divide las fosas nasales.
Aunque el OVN fue identificado con más de un siglo de anticipación, los científicos asumieron que se trataba de un órgano rudimentario e inútil, cuya función se perdió durante la evolución del ser humano. Empero, Berliner y su grupo de especialistas descubrieron que este pequeño órgano funciona como receptor completamente separado del sentido del olfato (especie de "sexto sentido") que se encuentra conectado directamente al hipotálamo, es decir, en el centro del cerebro encargado de controlar motivaciones básicas y emociones sexuales, de hambre, temor o enojo, así como temperatura corporal y ritmo cardiaco.
A principios del decenio 1990-2000, los científicos Larry Stensaas y Luis Monti-Bloch, también de la Universidad de Utah, así como Thomas Getchell de la Universidad de Kentucky en Lexington (Estados Unidos), confirmaron que las amistosas feromonas actúan a través del órgano vomernasal.
Fecha: 13-10-2008
Hits: 91
|
|