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Desde Eva, la mujer ha inventado, guardado y transmitido los secretos del arte de seducir, y la seducción no es otra cosa que intentar obtener del que está enfrente -en este caso el hombre y la sociedad- lo que ella desea. Siglos de incivilizada civilización han privado a la mujer de opinión y poder; en consecuencia, ella -con sus artes, mañas y artimañas- ha tenido que ingeniárselas, sutil y delicadamente, para alcanzar sus fines. Y ahí empieza a funcionar la irresistible máquina del encantamiento.
La mujer ha utilizado diferentes herramientas a lo largo de la historia para seducir a los hombres, desde abanicos, misales, rosarios... Múltiples armas que conseguían superar las barreras de la moralidad.
Otro elemento indispensable ha sido siempre la ropa, las mantillas, velos o mantos, que podían enmarcar, realzar u ocultar un rostro. La ropa, el movimiento y la posición de la prenda han sido mensajes de amor para muchos. Son numerosas las prendas fetiches: zapatos, cinturones, joyas, camisas y, por supuesto, la ropa interior. Todos ellos adornos, para el más precioso regalo.
Fecha: 01-12-2008
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