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Pese al aumento de las separaciones en Chile, los jóvenes desean casarse para toda la vida. Pero no quieren normativas impuestas y asumen el matrimonio como un proyecto basado en la calidad de la relación que construyen, dice el psiquiatra Ricardo Capponi.
Por Alejandra Sepúlveda P.
La separación precoz se está convirtiendo en una tendencia a considerar dentro de las vivencias de los matrimonios jóvenes. Hay uniones que llegan a su fin mucho antes de aquella fecha inquietante conocida como la ?comezón del séptimo año?. De hecho sólo entre un 15 y un 20 por ciento logra realizar de manera exitosa un matrimonio para toda la vida.
Y es que las nuevas generaciones han incorporado a las ya complejas relaciones amorosas nuevas exigencias: autenticidad y calidad, por sobre todo. El psiquiatra Ricardo Capponi, autor del libro El amor después del amor. El camino al amor sexual estable (Grijalbo, 2003), atribuye a esta actitud el carácter de una verdadera revolución, evitando la descalificación fácil y la tentación de colgarle a la dupla fracasada el cartel de light.
En una época donde abundan la infidelidad, la separación, los mensajes que apelan a la gratificación sensorial y sensual a través del consumo, existen parejas que aspiran a un matrimonio para toda la vida, al ?amor sexual estable? y monógamo. Quieren fundar una familia y construir una relación profunda en pareja, pero no están dispuestos a obligarse por ninguna institución o norma. Quieren libertad para elegir. Dicen ?sí? con la convicción del ?para siempre? o ?hasta que la muerte nos separe?, pero sabiendo que el matrimonio no es una cadena perpetua y que en el peor de los casos se puede llegar a la separación o el divorcio. Eso opina el psiquiatra.
A juicio de Capponi, profesor de psicología y psiquiatría de la Universidad Católica y presidente de la Asociación Psicoanalítica de Chile, ?en la medida en que los jóvenes enfrentan la relación de pareja con mayor grado de libertad, también están más expuestos a que no resulte y se reconoce con más facilidad las situaciones de fracaso. No están dispuestos a asumirlas solamente por una normatividad sin sentido?. La otra cara de la moneda es que desde esa misma autenticidad se pueden construir finalmente proyectos muy gratificantes. ?Me atrevería a decir que hoy las parejas logradas son de mucho mejor calidad que las escasas parejas exitosas que podía haber hace 100 ó 200 años?.
Mejor ?logradas? implica, según el especialista, compartir una relación sincera, comprometida, que integre todos los elementos importantes de la vida personal y el deseo sexual. Pero también la preocupación por el cuidado afectivo del otro y la crianza de los hijos en armonía. Todo bajo una condición mínima: que el hombre y la mujer mantengan una relación de equidad, compartiendo las decisiones. ?La simetría no significa que los roles sean iguales, pero sí que exista un respeto mutuo y una integración de los aspectos masculinos y femeninos en cada uno de los cónyuges?, especifica.
Pero llegar con éxito a conformar una pareja de este tipo requiere tomar ciertas medidas preventivas.
Lo primero será asumir la libertad de elección con responsabilidad y compromiso y no tirar la toalla a la primera discusión. ?Porque son ellos los responsables del futuro de la pareja y no la institución que les pone una norma. Es importante aprender a asumir una cierta tolerancia a la frustración, al posponer gratificaciones inmediatas y a profundizar en los vínculos para que realmente los proyectos complejos, como el tener hijos, los puedan llevar a cabo y no naufragar en el camino?, asegura Capponi.
La clave está en saber elegir pareja y el cómo hacerlo no es algo que se enseñe en los colegios, institutos o universidades. ?Existe la falsa convicción de que esta es una pasión irracional a la que una persona se ve arrastrada al ser víctima del enamoramiento. Pero lo cierto es que todos tenemos la capacidad de afinar el instrumento intuitivo para saber hacer la elección?, comenta.
El desafío va en conocerse a sí mismo, saber cuánto nos condiciona el pasado y lo que aprendimos de nuestros padres, tomar en cuenta nuestras experiencias amorosas anteriores y cómo fuimos capaces de renunciar al narcisismo propio del enamoramiento para establecer un vínculo duradero.
Según Capponi, durante la adolescencia y la etapa de adulto joven sucesivas experiencias de enamoramiento y de fracaso van afinando el ?instrumento intuitivo? que lleva a una persona a saber enamorarse. ?Y así las personas van ubicando a una pareja que tiene más que ver con su pasado, con lo que yo llamo el mapa del amor, con su identidad y con los anhelos que desea compartir. De todas maneras, elegir pareja es una tragedia, porque uno no tiene todos los elementos para optar y, por lo tanto, siempre tiene un carácter de salto en el vacío?.
El psicoanalista postula que ?las personas se enamoran de aspectos que se convierten en fuente de conflictos una vez que pasa el enamoramiento. Parece contradictorio, pero interesante. Tal vez lo que hay detrás de esto es que la relación de pareja se transforma en una oportunidad de crecimiento: ?Yo me enamoro de aquel con quien después se me van a activar mis problemas, para ver si soy capaz de resolverlos con él?. Pero cuando hay mucha psicopatología, el pronóstico es más malo?.
¿Qué preguntas hay que formularse para saber si se está con la pareja correcta? Cuando han transcurrido dos o tres años de pololeo, lo conveniente será evaluar si superado el idealismo inicial se es capaz de ver los defectos del ser amado. Pero que esa pareja alcance el amor sexual estable dependerá de cuatro pilares básicos.
En primer lugar, la calidad de los proyectos compartidos. Ellos están vinculados a la formación de una familia, a la crianza de los hijos, al respeto en la pareja, a la moral en común -qué se va a permitir y qué no-, a cómo enfrentar la sociedad y la vida juntos.
En segundo término está la calidad de la comunicación. Es decir, comprobar si se sienten comprendidos entre ellos.
El otro elemento importante es la capacidad de contención de los aspectos negativos de la relación con el otro y ayudar a que cambien. ?Porque gran parte de las parejas fracasan por la incapacidad de contenerse mutuamente?, dice Capponi. ?Siempre hay que querer cambiar al otro, lo contrario es un mito, pero hay que hacerlo sin imponer una perspectiva o visión de la realidad, ?para que sea más parecido a mí?, sino ayudándolo a que se dé cuenta de cuáles son sus dificultades, para que libremente cambie y se enriquezca así la relación?.
La vida sexual es el cuarto pilar y supone poner en el lenguaje del cuerpo los sentimientos que tienen que ver con la ternura y con el deseo instintivo. Estos logran su máxima expresión en el amor sexual maduro.
?Una pareja que pololea tiene que hacer una evaluación de estos elementos. No hay que ser demasiado perfeccionista porque es muy difícil llegar a un cumplimiento muy acabado de estos pilares. Pero en general, si más de uno está deteriorado en forma seria es preferible que esta pareja no pase a un compromiso definitivo?.
¿Conviene tomar la decisión de casarse cuando se está en el período de enamoramiento o es preferible hacerlo cuando se ha comprobado la capacidad de la pareja de pasar al amor sexual estable?
Al echar un vistazo al quiosco nacional, Capponi percibe que los jóvenes quieren asegurarse respecto de su proyecto de pareja, demorándose en el compromiso. ?Son más cautelosos, sin dejarse arrastrar por el equívoco período de enamoramiento. Esto tiene una serie de puntos polémicos, pero yo planteo que la mejor decisión es la tomada en la etapa de amor sexual estable, cuando la pareja está capacitada para asumir una unión para toda la vida?.
Bajo esa perspectiva el psiquiatra defiende la experiencia de convivir antes del matrimonio como forma de comprobar la viabilidad del proyecto. Porque así realmente se puede hacer experiencia de lo que se está buscando. ?La experiencia no solamente se hace desde el romanticismo infantil ingenuo propio del siglo XIX, totalmente asexualizado, con esa tremenda trampa de que el hombre se enamoraba de estas mujeres puras y vírgenes, aunque manteniendo sus sucursales en prostíbulos. No conocía a la mujer como persona, y ella tampoco lo conocía a él más que como un proveedor de buenas costumbres. El conocimiento verdadero se logra en un vínculo completo?, opina.
?La sexualidad es un instrumento muy interesante para conocer a la pareja con la cual uno se las va a jugar para toda la vida. Esto parte de la base de que el sexo es considerado como fuente de vínculo, de acrecentamiento de la intimidad y enriquecimiento de la relación y no solamente destinado a la procreación?.
Como afirma Caponni, la revolución de las nuevas generaciones que reclaman autenticidad en sus vínculos de pareja está forzando a un cambio.
Todo ello implica un enorme desafío para los legisladores que ya han ingresado a la recta final de la tramitación de la Ley de Divorcio, pero también para quienes deben dar una respuesta fundamentada, más allá de una inspiración doctrinaria, a la gran pregunta: ¿Por qué el matrimonio puede ser un proyecto duradero y atractivo?
Fecha: 01-12-2008
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