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"ESTOY FELÍZ CON LA PARTICIPACIÓN FEMENINA"
Es una lectora incontrolable y amiga de escritores e intelectuales, desde siempre. Como ex primera dama recuerda con satisfacción la labor realizada "en tan poco tiempo y en la que quedaron muchas obras inconclusas".
Ricardo Henríquez
Su departamento en Las Condes recibe el calor de la tarde otoñal. Nos hacen pasar a la terraza donde ella practica su pasión primera: la lectura.
Se sienta en una silla del comedor y solicita lectura del cuestionario, pero lo aprueba cuando aún no terminamos de leerlo. Casi dos horas después, Hortensia Bussi nos comenta hasta sus recetas de cocina favoritas. Así es ella, enérgica pero gentil.
La ex primera dama nació en Valparaíso y vivió en el cerro Concepción. Su madre falleció en un parto, cuando ella era muy pequeña. Su padre, un oficial de la marina mercante (Ciro Bussi Aguilera), la instó a defenderse en la vida con educación y cultura.
En el Liceo 2 de Valparaíso cursó su preparatoria y humanidades. A los 16 años se vino a Santiago, a la casa de una hermana de su madrastra. Ingresó a estudiar historia en el Instituto Pedagógico de Santiago. Siempre le había gustado leer, especialmente historia, ensayos y novelas. Terminó sus estudios y comenzó a ejercer. Realizó un curso de bibliotecología en la Universidad de Chile e ingresó a laborar a la Dirección de Estadísticas. Allí estuvo 17 años, hasta 1953. Le sobrevino una tuberculosis y debió dejar de trabajar. Numerosas personas la califican de bella y suave, pero excesivamente enérgica. ¿Es tan así?
-Exactamente. Al pan, pan, con las cosas claras y transparentes. Me gusta le gente franca y honrada. No doy tregua.
Conoció al Salvador Allende el día del terremoto de Chillán. Ella estaba en el cine Santa Lucía con un grupo de amigos y debieron salir a la calle. El temblor era fuerte. "Salvador, ministro de Salud, muy joven, casi corría con Manuel Mandujano, quien nos presentó. Venían de una reunión de la masonería". Al rato tomaban un café y no se vieron en largo tiempo, porque el doctor debió acudir a ayudar al sur.
Se casaron el 17 de marzo de 1940 y tuvieron tres hijas: Carmen Paz, en 1941; Beatriz (Tati), en 1943, y María Isabel, en 1945. En 1954 perdió un hijo de seis meses de gestación.
-A usted se le reconocen muchas inquietudes intelectuales.
-He tenido muy buenos amigos, en el campo literario especialmente. Cuando estuve enferma, Manuel Rojas y González Vera iban todas las tardes a verme. Teníamos tremendas charlas y discusiones artísticas.
-Fue amiga de Cortázar y Neruda. También lo es de García Márquez.
-Sí. Cortázar asistía a todos los actos que yo organizaba para que retornara la democracia a Chile. Con García Márquez compartimos bastante en México. Grandes amigos, los dos.
Para hablar de Neruda se toma unos segundos de silencio.
-Nosotros teníamos una pequeña casa de veraneo en Algarrobo, y en las tarde íbamos a verlo. A Pablo le encantaba hablar de política con Salvador.
-¿Cómo fue la noche del 4 de septiembre del 70?
-El hizo un hermoso discurso con megáfono y pidió que todo el mundo se fuera a sus casas a celebrar en familia. Después nos fuimos a la casa, a recibir a los amigos.
-¿Y en noviembre, al asumir?
-Vinieron amigos de todas partes del mundo y abrimos las puertas de La Moneda para jefes provinciales de campañas, jóvenes dirigentes y muchas mujeres.
Hortensia recuerda con afecto a sus ex colaboradoras, "con quienes hicimos una gran labor en la Coordinadora de Centros de Madres, Cocema, y el Comité de Navidad". Comienza a entregar detalles de esas masivas reuniones y destaca "la labor para incorporar a la mujer al trabajo, apoyándola con el cuidado de los niños. A pesar de ser tan corto el período de la presidencia de Salvador, se crearon más de 300 jardines infantiles y salas cuna para los lactantes". Se enorgullece del Primer Encuentro de la Mujer Campesina, efectuado en Chillán, en agosto de 1973.
-Fuimos con mucho miedo, porque la carretera estaba llena de miguelitos, esos clavos para romper neumáticos. Realizamos un convenio con la Universidad Técnica, para que capacitara a las campesinas. También fomentamos talleres de artesanía. Salvador me apoyaba, porque él consideraba un abuso que la mujer estuviese sometida o que trabajara doble, afuera y en su casa.
-Y regalaba máquinas de coser.
-Ah, eso. Sí (se ríe con muchas ganas). Teníamos un plan para entregar máquinas, pero de repente todas querían y pedían mucho. No dábamos abasto. Yo no entendí hasta que me explicaron que en la televisión presentaban una teleserie que se llamaba Simplemente María, en la que una costurera se hacía rica y famosa cosiendo... entonces todas querían ser la protagonista.
-¿Qué opina de la participación de la mujer en todos los ámbitos?
-Maravilloso. En nuestra época fue una lucha muy grande. Recuerde que en el año 49, en la época de Gabriel González Videla, las mujeres por primera vez pudimos votar. Estoy cada día más feliz porque las mujeres estén en todas las actividades.
Exilio y regreso
El 12 de seeptiembre de 1973 sepultó al Presidente Allende, sin la presencia de sus hijas. Su hija Beatriz, casada con cubano, partió a Cuba.
-El 15 en la noche abandonamos la embajada junto a varios ministros, parlamentarios y colaboradores. Partimos a México. En el aeropuerto estaban desde el Presidente de la República y su señora hacia abajo. Yo no quería bajar, porque no iba de luto, ya que no alcancé a sacar ropa de mi casa. Cómo explicárselo a ellos, que esperaban a una mujer recién viuda. Tomé de la mano a una de mis nietas y bajé.
Ahí comenzaron sus viajes por el mundo. Estuvo en toda América, en Europa, Asia y Africa, "en todas partes divulgando la necesidad de recuperar la democracia".
-Nunca nos imaginamos que el gobierno terminaría de manera tan trágica. Todos los sueños por el pueblo quedaron a mitad de camino. A Salvador no lo dejaron gobernar.
-¿Cómo resumiría sus años de exilio?
-Tendría tanto que hablar, porque fueron 17 años y medio. Regresé el 4 de marzo de 1990. México nos recibió con un cariño enorme. En mis viajes pude comprobar lo aislados que estábamos. Se nos agrandó la visión del mundo.
-¿Qué le gustaría para las mujeres de Chile y para su familia?
-Lo que más deseo a todos es paz, pero también justicia. Nosotros somos una familia pequeña, pero muy unida, así es que me gustaría todavía vivir algunos años más para ver a mis nietos y bisnietos enrielados en la vida.
No habla del suicidio de su esposo ni el de su hija Beatriz, en Cuba. Demasiado dolor. El 22 de julio del presente año cumplirá 85 años. Sus nietos le están organizando un gran festejo, pero ella se resiste.
-Prefiero que me sigan regalando libros y que todos luchen, como hasta ahora, por ser mejores personas, solidarios y aportando para mejorar a los más pobres. Estoy segura de que Salvador querría lo mismo.
Fecha: 01-12-2008
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