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Fisiológicamente el orgasmo es un reflejo: en la respuesta sexual masculina, ante un estímulo adecuado en el polo sensitivo (glande del pene), responde el polo motor, contrayendo los músculos genitales y determinando la eyaculación. Sin embargo, el que un varón eyacule o no, no significa necesariamente que haya gozado sexualmente. Como sucede también en las mujeres, la vivencia de satisfacción es decodificada por el cerebro.
Como somos seres humanos, un reflejo mecánico que no incluya reacciones emocionales reduce el impulso sexual a una mera descarga de tensión. En este sentido, es importante recapacitar acerca del lugar que el varón da a la vivencia real de placer y dónde ubica la posibilidad de lograrlo. La cultura ha enseñado a los varones a remitir su gratificación exclusivamente a los genitales. De hecho, la erección y la eyaculación pueden suceder en escasos minutos.
Las mujeres, por su parte, tardan más tiempo en alcanzar una excitación adecuada que les permita llegar al orgasmo; más allá de las cuestiones culturales, esta diferencia temporal se basa en diferencias anatómicas y fisiológicas. Considerando diversas causas y situaciones particulares en las mujeres con respecto al orgasmo, pueden darse dos posibilidades: alcanzarlo o no. En cambio, en los varones se pueden producir una serie de variantes orgásmicas determinadas por causas orgánicas, emocionales, educativas o vinculares.
Fecha: 03-12-2008
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