» Menú Principal
  » Arte
  » Chistes Feministas
  » Dinero
  » Ejercicios
  » Emociones
  » Enfermedades
  » Familia
  » Gastronomia
  » Ginecologia
  » Grandes Mujeres
  » Medicina Natural
  » Moda
  » Nutricion
  » Obstetricia
  » Pediatria
  » Perdida de Peso
  » Personajes
  » Piel y Belleza
  » Poesia
  » Salud
  » Seleccione
  » Sexo
  » Sexualidad
  » Sociedad
  » Tecnologia
  » Testimonios
  » Tests Amorosos
  » Tests Emocionales
  » Top Populares
  » Top Nuevas
  » Buscar

Categoría Grandes Mujeres - Mujeres que hicieron historia

Carmen Miranda (1909-1955)




La vida no es un carnaval

Símbolo y metáfora de su querido Brasil ?aunque nació en Portugal?, la efervescente Carmen Miranda (1909-1955), la chica exótica y sonriente de la samba bahiana, fue la reina del escapismo en los sombríos años de la II Guerra Mundial. Pero así como fue idolatrada, la mujer de los plátanos sobre la cabeza, vivió también las tribulaciones del fracaso personal. Con la historia de quien fuera la artista mejor pagada de Hollywood en su minuto, iniciamos la serie de verano ?Mujeres que hicieron historia?.

Por Pablo Marín

Para 1948, Carmen Miranda llevaba casi una década en Estados Unidos. En ese período, había llegado a convertirse en la mujer mejor pagada del país, gracias a sus incursiones en la radio, el cine y el disco, además de sus celebradas presentaciones en teatros y clubes. ?La embajadora de la samba? tenía, con sus 39 años y recién casada, multitud de razones para estar dichosa. Pero esas razones eran casi las mismas que le producían una profunda inquietud.

Es cierto, era una celebridad. Había estampado sus manos en el cemento del Teatro Chino de Hollywood y para todo el mundo era ?The Brazilian Bombshell? (La bomba brasileña). Pero estaba también consciente del precio que tuvo que pagar: ser la latina colorinche, exótica, sonriente y abarrocada, que pese a haber dominado el inglés debía seguir hablándolo con un pesado acento carioca para despertar la sonrisa del estadounidense promedio. Que pese a su sensibilidad artística y a su interés por ampliar los horizontes profesionales, estaba atrapada en el cliché que la hizo triunfar.

Y así fue como, a mediados del año señalado, usó una actuación en Las Vegas para morder en público su rabia. Ataviada con un traje fucsia lleno de mostacillas resplandecientes, que destacaba sobre un fondo rojo y negro, pidió a sus músicos que dejaran de tocar, para sorpresa de una audiencia que hasta el minuto disfrutaba con temas como ?Mamá yo quiero? y ?Tico tico no fubá?. Tras cavilar un par de segundos, e indicando el colorido sombrero que la coronaba, exclamó: ??Ah, ustedes no saben que me gano la vida gracias a todos estos plátanos! Sííí, pues? Es lo único que he hecho toda mi vida? ?Mi negocio son los plátanos!? (Bananas is my business es, de hecho, el nombre de un documental sobre su vida, estrenado en 1995).

La gente reía. Y ella empezó a arrojarles sus pulseras y otros accesorios. Pasó poco rato, Carmen volvió a interrumpir la música e hizo lo impensable: se despojó bruscamente del turbante que cubría su cabeza y descubrió una cabellera teñida rubia, para callarles, según dijo, a los que decían que trataba de ocultar una calvicie. Tras los gritos de sorpresa del respetable cantó el último tema y se fue a su camerino.

Descrito en Las Noches de Carmen Miranda -de la escritora chilena Lucía Guerra-, el episodio grafica las luces y sombras de un personaje cuya complejidad aparece barrida de un plumazo por el ícono que hizo de sí misma, disperso a través del mundo gracias al éxito de la samba y a la omnipresencia de Hollywood.

Sombrerera con suerte

Maria do Carmo Miranda da Cunha nació el 9 de febrero de 1909 en Marco de Canavezes, pueblo rural del distrito portugués de Porto. Fue la segunda hija de doña María Emilia y don José María, quienes decidieron, poco después de bautizarla, que este último invertiría los modestos ahorros familiares para viajar de avanzada a Brasil y luego mandar a buscar a los suyos.

Se decía que la ex colonia rebozaba en riquezas para quien tuviera el tesón de explotarlas, y con esa idea se instalaron todos en Río de Janeiro, en 1911. Allí nacieron cuatro niños más, sin que la fortuna apareciera por ninguna parte. Con lo que don José María ganaba como peluquero no alcanzaba y las cosas apenas se compusieron cuando la familia se mudó a una casa más grande en el distrito de Lapa, barrio de marineros, borrachos y prostitutas. Allí recibían pensionistas, mientras Carmen asistía a la escuela de Santa Teresa.

Destacó en el coro, donde su reducida estatura la hacía ocupar el primer lugar de la fila. Pero más que de himnos religiosos, disfrutaba de la samba y del tango. Alumna competente, dejó antes de tiempo el colegio para ayudar económicamente a la familia. Su hermana mayor, Olinda, le enseñó costura y ella aplicó esos conocimientos mientras trabajaba en una tienda de sombreros y luego en una de corbatas. En esta última conoció a Mario, su primer novio, quien la pidió en matrimonio.

La idea de Carmen era hacer sombreros y ahorrar para casarse con Mario. Pero la plata llegó antes y en cantidades mayores de lo esperado?, aunque el matrimonio jamás tuvo lugar.

Conocida por sus dotes vocales, ?Carminha? era invitada frecuente a las fiestas del barrio, en una de las cuales fue ?descubierta? por un diputado bahiano, quien la recomendó al músico y compositor Josué de Barros.

Tras cinco meses de lecciones por parte de Barros, llegó la grabación de un single. Para que su estricto padre no se enterara, quedó eliminado el ?da Cunha? y de ahí en más sólo se hablaría de Carmen Miranda. Pese a la molestia inicial, el estricto don José María llegaría a convertirse en su manager. A comienzos de la década del ?30, el tercer single grabado por Carmen para RCA Victor (la marcha ?Pra voce gostar de mim?) vendió la cifra record de 36 mil unidades. De la noche a la mañana, había nacido una celebridad.

Nova Iorque

Estrella radial indiscutida, Carmen supo innovar por la vía de ampliar el público de la samba, víctima hasta entonces de la discriminación de los grupos medios y acomodados, que la veían como ?música de negros?. El ritmo, sin embargo, se convirtió en fetiche de lo autóctono brasileño y Carmen, en su mejor encarnación: una muchacha que sin llegar al 1.50 m, era capaz de llenar los escenarios.

Inició giras a lo lago y ancho de Brasil. También ganó notoriedad en Argentina. Gracias al compositor Dorival Caymmi incorporó elementos bahianos en su música y su look cada vez más atrevido, que fuera de causar no poco escándalo, la confirmó como una personalidad única en su clase.

Pero la salida al mundo sólo fue posible una noche de 1939. Lee Shubert, empresario teatral estadounidense de vacaciones en la ciudad, llegó hasta el Casino Urca. Y no pudo creer la mezcla de sensualidad, folclor y exótica sensualidad que tenía frente a sus ojos. Ocultando parcialmente su entusiasmo ?como todo buen negociador- ofreció a Carmen integrarse a un espectáculo en Broadway. Ella aceptó, siempre y cuando lo acompañaran los seis músicos de su Banda de la Luna (entre ellos Aloysio de Oliveira, el amor de su vida).

Así, el zarpe de su barco rumbo a Nueva York (Nova Iorque, como ella la conocía) se convirtió en un acontecimiento nacional. Carmen, que no tenía los rasgos físicos de las luminarias estadounidenses y apenas conocía el nuevo idioma, arriesgaba su prestigio por conquistar otro mercado. Pero ganó.

Se presentó en el espectáculo Streets of Paris, pegoteo de sketches y canciones en el que intervenían comediantes como Abbott y Costello. Sus seis minutos en escena bastaron para que un crítico neoyorquino escribiera: ?Su figura no es nada del otro mundo, y además canta en lengua extranjera. Así y todo, es la mayor sensación de la temporada?.

La idea era estar unas semanas fuera, pero terminó siendo más de un año. En ese lapso, Saks Fifth Avenue ofreció una línea de faldas, blusas y turbantes en su estilo, mientras el New York Journal la puso en la lista de personajes que más figuró en los diarios durante 1939. Carmen era sensación, como recuerda Woody Allen en su película Días de Radio, donde se ve a toda una familia bailando en ?trencito?, al compás de sus pegajosas melodías.

En tanto, el estallido de la II Guerra y la consecuente política de ?buena vecindad? hacia América Latina derivó en que los estudios Fox buscaran un rostro del sur para mezclar en sus nuevas cintas ritmos y colores exóticos. Y ahí estaba Carmen, que intervino en un set de lo que se conocería más tarde como banana movies, algunas de las cuales se consideran entre lo más representativo de los musicales de la Fox.

El último baile

En 1940 Carmen regresó a Río, donde la recibió una muchedumbre delirante. Sin embargo, una presentación de caridad frente a un público adinerado se convirtió en el mayor fiasco de su carrera. Llegó saludando con un ?Good Night!? y la respuesta fue el silencio. Carmen, para los más quisquillosos, había desnaturalizado y prostituido la música brasileña.

Dolida, regresó pronto a Estados Unidos, donde sólo se comentaba que ?Carmen Miranda is fun!?, lo que alimentaba su vanidad, aún sabiendo que en cierto modo la veían como una atracción de feria. Como un bicho raro, al que distintos comediantes -incluido Jerry Lewis y Bugs Bunny- se permitían ridiculizar. Consciente de que la fama se escapa sin preguntar, multiplicó ad nauseam los adornos en su ropa y cediendo acríticamente a los manejadores de su imagen.

Compró una casa en Beverly Hills, donde llevaría a su madre y hermanos. Allí también vivió con el productor David Sebastian, su único esposo. De él quedaría embarazada en 1948, pero una pérdida la hizo abandonar la ilusión de ser madre. Aloysio, su gran amor, revelaría que en el primer viaje de ambos a EE.UU. ella quedó embarazada, pero no se lo contó, para no arruinar la carrera de ambos y para no forzarlo a casarse con ella.

Como señala Lucía Guerra a Mujer, Carmen Miranda fue diva de Hollywood, pero también su víctima. ?Tomaba pastillas para dormir o para estar despierta, las operaciones de cirugía estética casi le produjeron la muerte, luego se hizo adicta al alcohol como un modo de evadir el fracaso. Y esto, junto con una vida matrimonial en la cual hasta sufría los golpes de su marido, la llevaron a un desgaste sicológico que los médicos quisieron remediar con el espantoso método del electroshock?.

Carmen no sólo fue el epítome en los años de la guerra. También fue en un extraño caso de tozudez para permenecer vigente: terminada la guerra y el boom de los banana movies, pujó por no desaparecer. Y lo curioso es que lo consiguió. Finalizado su contrato con Fox, se las arregló para seguir rodando junto a figuras de la talla de Groucho Marx. Y para llenar clubes con sus incondicionales.

A mediados de 1955 ?poco después de regresar por última vez a Brasil- fue invitada al popular show televisivo de Jimmy Durante. El 4 de agosto, tras un extenuante número de mambo, dijo ?bonas noches, bonas noches? y sin dar la espalda al público, retrocedió bailando y luego movió su pañuelo en señal de adiós. Horas más tarde, fue víctima de un ataque cardíaco. Tenía 46 años.

Fecha: 25-07-2008
Hits: 212


Volver atrás
   Últimas Búsquedas
     Sexo
     Contraer la vagina
     Himen
     Mapa
     Anal
     Sexo oral
      pene
     Mujeres desnudas
     Sexo
     Fotografias
     Aclarar la piel
     Pornografia
     Fotos
     Pelo
     Perfume
     Relatos
     Hongo vagina
     Chistes
     Senos
     Incontinencia urinaria
     Compatibilidades
     Metodos anticonceptivos
     Hogar
     Aparato reproductor femenino
     Punto g
     Pene grande
     Cortes de pelo
     Crecer el pelo
     Manualidades
     Hipomenorrea
     Polimenorrea
     Epitelioma
      progesterona
     Testosterona total
     Maquillajes
     Palwen
     Kallman
     Omosexualidad
     Parenquima
     Depresion
     Búsquedas Ordenadas
     Búsquedas Nuevas
     Búsquedas Populares



Webpanto | Vuelos casi Gratis | Cocina con Recetas | Guias y Trucos Cocina Sencilla | Valencia Central | Juegos para Flash | Juegos Jugon | Rockcore | Portal del Rock | Libroos | Buxcar | Top Programas | Expresionjes del Mundo | Coches Kilometro 0