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Categoría Grandes Mujeres - Mujeres que hicieron historia

Silvana Mangano (1930-1989)




Donna fatale

Antes de los 20 años era sex symbol internacional, actriz todo terreno y esposa del célebre productor Dino De Laurentiis. Sin embargo, Silvana Mangano luchó contra su imagen de mujer fatal, dejándole el campo libre a Sophia Loren y Gina Lollobrigida. Alejada de la farándula y navegando contra la corriente, fue oportunamente reconocida como una de las grandes intérpretes del cine italiano.

Por Pablo Marín

Cuando la complicidad de un grupo de amigos lo desinhibía, Marcello Mastroianni solía despacharse coloridas diatribas contra las únicas dos mujeres que, según él, pudieron haberle cambiado la vida. Una era Faye Dunaway, la antiheroína de Bonnie & Clyde. La otra, muchos años antes, fue una adolescente desconocida: Silvana Mangano.

Cada vez que se ponía a hablar de Silvana, recordaba esa ocasión en que ambos flirteaban en villa Borghese, el histórico parque romano: notó a un mirón que los espiaba, lo encaró, le propinó unos golpes y terminó estrellando su cabeza contra un árbol. Contaba el episodio con frecuencia y se ponía entusiasta. ?Silvana debió quedarse conmigo?, protestaba, ?estábamos hechos el uno para el otro. Pero entonces yo no era nadie y ella era ambiciosa?. Y no se quebaba ahí: ?Se casó por interés y no ha sido feliz. Y yo tampoco?.

Como indicó hace un año en La Stampa el escritor y guionista Masolino D?Amico, esta ?confesión? era ante todo un cuento. Marcello era quien se fabricaba sus propios problemas y Silvana no se arrepintió de haberse casado con el productor Dino De Laurentiis ?su único marido?, no obstante el control que éste ejerció sobre su carrera. Sin embargo, invento y todo, lo de Mastroianni da una idea del grado de atracción que desde siempre ejerció la Mangano.

Convertida a los 19 años en sex symbol indiscutible ?y enemiga número 1 de la censura en EE.UU.?, Silvana Mangano (1930-1989) pasó el resto de su carrera actoral dedicada a ampliar su rango, a hacer que el público viera en ella algo más que esa figura perfecta condenada a ser una donna fatale. Y lo raro es que lo consiguió. Sacrificó la celebridad y la sobreabundancia de portadas, probándole al mundo que es una de las grandes intérpretes del cine italiano.

Ruda y sensual

Su padre era un siciliano, conductor de tren. Su madre, una compuesta señora inglesa. Ella, romana, siguió durante su adolescencia estudios de danza, pero ambicionaba ser modelo. Se presentó, sin cumplir aún 17 años, al concurso Miss Roma, y lo ganó. Así ello llegó al Miss Italia, al que también se presentaron Gina Lollobrigida y Lucía Bosé, quien terminó siendo coronada. No ganó, pero se hizo notar con sus dotes para bailar y cantar, su mirada directa y su rostro armónico, vagamente evocador del de Ingrid Bergman. Para no hablar de sus medidas anatómicas, casi perfectas.

Poco tiempo debió pasar para que Silvana firmara un contrato con el estudio Lux Film. Pero eso no le aseguraba papel alguno y así se la pasó un par de años, hasta que un episodio fortuito le dio su primera y gran oportunidad. El director Giuseppe de Santis, militante comunista, empezaba a hacer carrera en el cine mezclando fábula marxista y dramón hollywoodense, un cine para las masas, coral, exuberante y combativo. Su tercera película, Riso Amaro (Arroz amargo), mostraría la sacrificada vida de las colectoras de arroz en el valle del Po, provincia de Pavía. Son todas mujeres, porque sólo las delicadas manos femeninas pueden extraer el fruto milenario. Y no sólo eso, tienen conciencia de clase y actúan como grupo.

Ahora bien, dado que trabajan en el agua, visten una especie de hot pants que hacen a varias lucir singularmente sexies. En particular a la joven protagonista, que además está metida en un lío con un guapetón de los bajos fondos. Para este último rol se preveía a un tal Vittorio Gassman, actor de mirada arrogante que sólo había estado en un par de películas. Para la actriz principal, sin embargo, hubo que buscar mucho.

Recordando el casting, De Santis comentaba que ?llegó una multitud de chicas deseosas de trabajar en el cine, pero no seleccionamos a ninguna. Ni siquiera a Silvana Mangano, que se presentó con los cabellos cardados, vestida de manera vistosa y muy maquillada. Sólo me impresionó porque estaba emperifollada extrañamente, pero no la elegí, no la consideré apta?. El tiempo pasaba y el director seguía sin su actriz principal. Hasta que un día lluvioso, caminando por la via Veneto, encontró en la esquina de un palazzo a una muchacha con una rosa en la mano, vestida con simpleza, en absoluto maquillada y con el pelo mojado. ?Era completamente otra?, agrega el cineasta. ?Le hicimos unas pruebas y se convirtió en la protagonista de Arroz amargo?.

Rodado en 1948, el filme despierta ciertas reservas en la crítica italiana, pero el público le da una masiva bendición. Mientras la cinta catapulta las carreras de Gassman y de Raf Vallone, la sexualidad rampante de Silvana ?a quien se ve bailar, cantar, llorar y hasta ser azotada por Gassman?, la convierte en la primera estrella popular de posguerra en la península. Y eso que aún no la veían en Estados Unidos. En el Hollywood de fines de los 40, el último escándalo digno de recuerdo lo había instalado Howard Hawks con su película El forajido. Protagonizado por Jane Russell ?quien figuraba mostrando sus hombros y sugiriendo la anatomía de sus pechos?, el filme fue condenado por el púlpito católico y por la pintoresca Legión de la Decencia. Una polvareda que palideció, sin embargo, ante lo ocurrido con la Mangano y Arroz amargo.

La película no tendría los galones artísticos de Ladrón de bicicletas o de Roma, ciudad abierta, pero al contrario de éstas, era capaz de llenar las salas, de California a Nueva York. Mangano era mucho más sensual que Russell, y Arroz amargo era mucho más atrevido que El forajido. Astutamente, los distribuidores sortearon el tramado burocrático que habría permitido a los objetores de la cinta ?que alegaban ?lujuria? y ?desenfrenada violencia?? sacarla de pantalla.

Así, Silvana llegó a un enorme público que pudo valorar lo que la revista Time llamó su ?perfil griego y cuerpo tan femenino?. Se la ve, de hecho, en los señalados pantaloncitos, a los que se agregan medias oscuras que crean un ?efecto portaliga?. También figura en una seductora enagua negra, o bien con una malla ajustada que deja claro la ausencia de sujetadores.

Imágenes como las mencionadas se convirtieron en leyenda y la Mangano estaba a las puertas de una carrera internacional en calidad de bomba erótica de un cine desinhibido y realista. Y no le habría costado mucha fatiga, agrega Musolino D?Amico: ?No sólo era indicutiblemente bella, sino también fotogénica, de una elegancia innata en el moverse, provista de oído para la música y de sentido del tiempo para el baile?. Además hablaba bien el inglés, la lengua de su madre. Pero su opción tuvo que ver más bien con combatir el cliché de la chica sexy y adoptar la actitud de quien no tiene apuro en triunfar.

Ya antes de los 20 años, Silvana figuraba casada con el napolitano Dino de Laurentiis, productor de Arroz amargo y figura clave en la posterior evolución del cine italiano. Para todos los efectos este vínculo romántico/laboral podría haber sido la plataforma de una carrera imparable. Y en parte lo fue: en los cinco años que siguieron a su debut la actriz intervino en siete películas, algunas tan exitosas como Anna ?de nuevo junto a Gassman? y El oro de Nápoles (1954), dirigida por Vittorio De Sica.

Con esta cinta de seis segmentos, sin embargo, decidió dar el adiós definitivo a los roles de mujer fatal. Sobre todo después de que su papel de prostituta quedara en el olvido a causa del que interpretó la debutante Sofia Loren, apenas cuatro años menor que ella. Sofia iba a ser, finalmente, la embajadora de la sensualidad italiana.

Nada que demostrar

A diferencia de lo que hizo el productor Carlo Ponti, convertido en marido de la Loren y promotor incansable de su imagen, De Laurentiis puso a su esposa en una especie de burbuja, manteniéndola a resguardo de toda actividad ajena a los sets, sobre todo cuando llegó el momento de la maternidad. La pareja tuvo cuatro hijos: Veronica, Rafaella, Federico y Francesca. A Silvana, de hecho, no parecía molestarle estar más tiempo en casa, al punto que de buena gana se habría hecho cargo de las labores domésticas, de no ser porque su marido se encargaba de evitárselas.

?Después de su debut fulgurante?, explica D? Amico, ?fue siempre como si Silvana no quisiera realmente continuar, como si sintiera que no tenía que demostrarle nada a nadie. No era exhibicionista: era más bien reservada y esquiva, casi hasta la morbosidad. (?) Se defendió de la vulgaridad del mundo del show business, cargando la balanza hacia el otro extremo, es decir, haciéndose refinadísima e inaccesible?.

Pero no dejó de actuar. Por el contrario, mientras su marido se metía en negocios megalómanos, como la creación de los estudios Dinocitt?, ella trabajó para el controvertido Pier Paolo Pasolini, quien la reclutó para hacer de Yocasta en Edipo Rey (1967). Tanto fue el entusiasmo de Pasolini que la incluyó también en Teorema y en su célebre Decameron. Lucchino Visconti, el más aristócrata de los cineastas y uno de los fundadores del neorrealismo, la convenció de actuar en varios de sus filmes, en los que se la vio madura y compleja. Para entonces De Laurentiis ya había instalado sus oficinas en Hollywood, pero ella prefirió Nueva York, desde donde viajaba con frecuencia a Roma.

La muerte accidental de Federico en 1981, el único varón y su hijo predilecto, la devastó. Al par de años se separó de De Laurentiis y fijó residencia en Madrid, donde vivía una de sus hijas, y sólo actuó en Duna, de David Lynch, porque la producía su pequeña Raffaella.

Un cáncer pulmonar puso fin a su vida, el 16 de diciembre de 1989. Pero tuvo antes una última incursión fílmica, un favor personal a la productora Silvia D?Amico, hermana del ya mencionado escritor. Se trató del filme ítalo-ruso Ojos negros, de Nikita Mikhalkov. El protagonista no fue otro que Marcello Mastroianni y su esposa abnegada, irónica y paciente, es Silvana Mangano. Así fue como los antiguos enamorados de villa Borghese se volvieron a encontrar.

Filmografía esencial

? Arroz amargo (Riso Amaro, 1949).
De: Giuseppe De Santis. Con: Vittorio Gassman, Raf Vallone.

? Anna, (1951).
De: Alberto Lattuada. Con: Raf Vallone, Vittorio Gassman.

? El Oro de Nápoles (L?Oro di Napoli, 1954).
De: Vittorio De Sica. Con: Totó, Sofía Loren, Vittorio de Sica.

? Ulises (Ulisse, 1955).
De: Mario Camerini y Mario Bava.
Con: Kirk Douglas, Anthony Quinn.

? Barrabás (Barabbas, 1962).
De: Richard Fleischer.
Con: Anthony Quinn, Vittorio Gassman, Jack Palance.

? Edipo Rey (Edipo re, 1967).
De: Pier Paolo Pasolini.
Con: Franco Citti, Alida Valli.

? Teorema (1968)
De: Pier Paolo Pasolini.
Con: Terence Stamp, Massimo Girotti.

? Muerte en Venecia (Morte a Venezia, 1971).
De: Lucchino Visconti.
Con: Dirk Bogarde, Bj?rn Andresen.

? Grupo de familia (Gruppo di famiglia in un interno, 1974)
De: Lucchino Visconti.
Con: Burt Lancaster, Helmut Berger.

? Ojos negros (Oci Ciornie, 1987).
De: Nikita Mikhalkov.
Con: Marcello Mastroianni, Marthe Keller.



Fecha: 18-08-2008
Hits: 332


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