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Categoría Grandes Mujeres - Mujeres que hicieron historia

Rosa Luxemburgo (1871-1919)




Una rosa roja

Fue una de las personalidades más carismáticas y radicales de la política europea del siglo XX. Problemática, obstinada y muy revolucionaria, esta polaco-judío-alemana, feminista a su modo y conspicua teórica del marxismo, impuso sus términos en un mundo de hombres, pasó largo tiempo en prisión y terminó asesinada.

Por Pablo Marín

El 6 de enero de 1919 el movimiento espartaquista -socialdemócratas disidentes que formaron el PC alemán- procedió a hacerse fuerte en Berlín. Pocos, apenas armados y no muy preparados, fueron barridos por ex oficiales convocados por el gobierno que encabezaba un socialdemócrata. El episodio se conoció como la Comuna de Berlín, nombre que, a su vez, refiere la Comuna de París (1871) cuando los cañones que esperaban un ataque prusiano fueron robados y llevados a los barrios obreros para establecer un gobierno popular.

Rosa Luxemburgo estuvo ahí, en medio de las balas, pero sin combatir. De hecho, llegó hasta el diario Worw?ts a discutir con su camarada Karl Liebknecht por qué exponer a la muerte a un puñado de conversos, cuando la idea era agitar a todo el proletariado a través de la huelga de masas. Pero Liebknecht replicó que esa era una de sus fantasías teóricas. Que la realidad estaba ahí, en la calle y era muy distinta.

Haya o no ocurrido en esos exactos términos, el episodio se reproduce en Rosa Luxemburg (1986), de la alemana Margarethe von Trotta. La película es un retrato de la revolucionaria polaco-judío-alemana que vale mencionar, por al menos dos razones. Primero, porque abre la puerta al mundo íntimo de una mujer de aguda inteligencia, de intenso compromiso político y emocional. Segundo, porque testimonia el revival que esta conspicua teórica del marxismo -asesinada poco después de los hechos de Berlín-, ha venido teniendo desde los ?60, cuando estudiantes de Colonia pintaban ?Rosa Luxemburg Universit?t? en las paredes de sus facultades.

No por nada más de cien mil personas se reúnen cada año en Berlín para conmemorar los asesinatos de Luxemburgo y de Liebknecht, instancia en la que el ícono de Rosa se transforma en una figura algo maldita: una revolucionaria profesional que soñó un ideal socialista. Que no creía en el marxismo como catequesis, pero tampoco en la lógica parlamentaria y que, en parte por ello, nunca accedió al poder. Derrotada en vida, su imagen es lo más parecido que hay en Europa al Che Guevara: una heroína mítica de la izquierda, en particular de sus simpatizantes femeninas.

Escribe Frederik Hetmann en Rosa L. La historia de Rosa Luxemburg: ?Era la más joven de cinco hermanos y nació el 5 de marzo de 1871 (otros dicen 1870) en la pequeña aldea de Zamosc, en la zona ruso-polaca de Lublin, donde una tercera parte de la población es judía. El padre de Rosa, Elías Luxemburg (la forma de escribir el apellido cambiará en las siguientes generaciones) es comerciante de maderas y propietario de una casa en la plaza del mercado. (?) En la familia se habla alemán y polaco, no judío-alemán (yiddish)?. En 1874 la familia se trasladó a Varsovia.

No era una niña problemática ni inquietaba particularmente a sus padres. Pero tenía lo suyo. Podía quedarse durante horas mirando una rosa esperando que floreciera. O convertirse en proveedora de libros para un criado de la casa, aparente indicio de sus posteriores adhesiones políticas. Pero, como añade Hetmann, Rosa comprende muy pronto en la vida que la suerte no le ha sonreído demasiado: ?Es y será siempre una mujer despierta, inteligente, pero no guapa, y de una estatura muy baja. Con una cabeza desproporcionadamente grande y una nariz que podría haber servido de modelo para un caricaturista. Padece una dolencia de cadera que será tratada por los médicos de forma equivocada (como tuberculosis) y le hará cojear durante toda su vida?.

La enfermedad obliga a Rosa a guardar cama un año, cuando acababa de cumplir los cinco. Aprende sola a leer y escribir en ese tiempo. A los nueve traduce poemas del alemán al polaco y envía versos propios, escritos en ruso, a una revista infantil. Empieza también a escribir novelas. Y a los 13, para una visita de Guillermo I a Varsovia, recibe al Káiser con un poema en que se lee, ?Acuérdate de una cosa, querido Guillermo:/Dile a ese canalla de Bismarck/Que no ensucie los pantalones de la paz?.

Polaca, pero súbdita de Rusia, Rosa construye una imagen de muchacha carismática y refractaria al poder. A los 16 años, mientras estudiaba en un colegio donde se prohibía hablar polaco, se enroló en el movimiento revolucionario Proletariat, el primer partido marxista de Polonia. Lo que se proponen es lo mismo en que cree Rosa: que no es el nacionalismo el que liberará a Polonia, sino la lucha obrera, que por lo demás puede emancipar a otros, partiendo por Rusia: es lo que Trotski afinaría más tarde como la Revolución Mundial.

En 1889 su actuación llega a oídos de la policía. Abandona el país porque sus camaradas piensan que puede ser más útil en el exterior que en prisión. Viaja a Z?rich y se enrola en la única universidad que admitía hombres y mujeres, y que acogía a buen número de inmigrantes polacos y rusos. En un ambiente de libre circulación de ideas se discute mucho: de darwinismo, emancipación femenina, desmoralización de la burguesía. Y Rosa, de soslayo, participa en ese mundo. Estudia primero matemáticas y filosofía, para seguir con economía y derecho público.

Es ambiciosa, sarcástica y le gusta pensar de un modo no convencional. Es, según Hetmann, ?muy sensible al dolor y la miseria, pero aparte de la intensidad emocional de sus reacciones, la indignación despierta en ella el deseo de pensar, de conocer y de actuar en consecuencia?. Es, finalmente, una marxista convencida, pero que no se inhibe de analizar críticamente esta doctrina. Ni de enamorarse del hombre que sería su pareja y camarada por 15 años.

Lituano de origen judío, Leo Jogiches era cuatro años mayor que ella. Hombre de aspecto callado y hermético, es una especie de cerebro gris del socialismo polaco. Con Rosa vivirán la gran historia de amor del movimiento revolucionario. Juntos fundan, en 1893, la Socialdemocracia del Reino de Polonia (SDKP) y más tarde colaboran en el diario del partido, el Sprawa Robotnicza, que se publica en París. El SDKP, se convertiría luego en SDKPL, agregando a Lituania y Rosa sería, hasta su muerte, la líder teórica.

La abundante correspondencia entre ambos deja ver a una joven absorbida por el trabajo que escucha sin demasiada paciencia las lamentaciones de los emigrantes polacos en París. Pero también a una mujer enamorada de un hombre difícil, que se ofende cuando éste le responde con cartas lacónicas que sólo hablan de ?la causa?. En marzo de 1894, manifiesta: ?En tus cartas no hay nada más, absolutamente nada más que Sprawa Robotnicza, críticas sobre lo que he hecho e indicaciones sobre lo que debo hacer. Si con tu indignación estás queriendo decirme que tú sí me has dicho palabras de amor en tus cartas, te contaré que no me satisfacen las palabras y que incluso prefiero regalártelas por adelantado para averiguar por ellas algo de tu vida personal. ?Ni una sola palabra!?.

La relación también se resintió por los inconfesados celos de Leo. Rosa era brillante y triunfaba en un medio de hombres como lúcida analista de la teoría y la práctica de los movimientos de izquierda. A nadie le importó su renguera cuando, con apenas 22 años, representó al SDKPL en el Congreso de la Internacional Socialista. Intelectualmente, Rosa avanzaba muy rápido y Suiza le quedó chica. Partió a Alemania, centro del movimiento obrero internacional, donde la revolución era, sino probable, al menos posible.

La idea era afiliarse al SPD, el mayor partido socialdemócrata de Europa, en tiempos en que Marx era el norte y cuando lo que se planteaba era el gobierno obrero y una nueva sociedad. Pero como ciudadana del Imperio Ruso podía ser extraditada, por lo que debía adquirir la nacionalidad alemana. El propio Leo Jogiches le organiza un matrimonio con el germano Gustav L?beck, a quien ella no conocía. Se casaron en Basilea, en abril de 1898, y se separaron de inmediato.

La relación entre Rosa y Leo empieza a deteriorarse y hacia 1904 las peleas se hacen insostenibles. Él no quiere tener una familia y ella fantasea con la idea de ser madre. Él ha tenido un affaire con una camarada y ella con un muchacho de 22 años, Costia, hijo de su gran amiga Clara Zetkin. Lo aloja en su departamento berlinés y lo hace leer a Tolstoi, Kant y Balzac, pero le advierte en una carta que no pretende convertirlo: ?La lucha partidaria no es para alguien de tu carácter? Es una vida que exige suprimir todo lo que hay de bueno y noble en el hombre?.

Estas palabras sugieren también las amarguras de una batalla que consideraba irrenunciable. A partir de 1904, cuando se le acusa de insultar a Guillermo II por decir que él ?no tiene ni idea de cómo viven los obreros? inicia un sostenido tour por prisiones alemanas y polacas. De hecho, vivió la mayor parte de la I Guerra Mundial ?a la sombra?.

Ni siquiera en su propio partido la tuvo fácil. Le asignaban ?asuntos de la mujer? y ella, para probar que podía hacer las cosas tan bien como sus pares barbudos, recorrió Alta y Baja Silesia en sacrificadas campañas de propaganda, logrando multiplicar la votación socialdemócrata. Pero aún así, la dirigencia recelaba de ella: ?histérica? y ?camorrista?, llegaron a llamarla.

En 1914, Rosa trata en vano de que los socialistas europeos boicoteen la guerra. Sólo logra caer presa. Desilusionada de su partido, forma más tarde el grupo Spartakus, el mismo que encabezaría la Comuna de 1919.

Rosa aborrecía el reformismo que se impuso en el SPD y se negaba a aceptar que los obreros pusieran el nacionalismo por encima de la solidaridad de clase. Admiraba a Lenin, pero consideraba que ?la revolución proletaria no necesita el terror y abomina el asesinato?.

El espartaquismo fue su último proyecto junto a Karl Liebknecht, único parlamentario del SPD que votó contra la guerra, asesinado tal como ella. Pese a no haber promovido los hechos de la Comuna de Berlín, Rosa Luxemburgo es detenida el 15 de enero de 1919 por oficiales alemanes, quienes la ejecutan sin más, arrojándola luego a las cenagosas aguas del canal Landwehr. Un diario berlinés tituló al día siguiente: ?Liebknecht muerto cuando huía. Rosa Luxemburg muerta a manos de las masas?.

Fecha: 19-11-2008
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