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Se sube al exacto gris del camino.
Toma una curva a velocidad.
y cae.
Huesos de leche sucia,
sus charcos blancos al costado de la ruta.
Mi padre dijo que volvería
en otoño celeste,
y en las bolsas de importación
de espejos.
Ha vuelto con sus manos
atrás y adelante
cubriéndole el rostro de caléndula
que deja olorosos mensajes en las máquinas.
Ha vuelto del viaje
más lento que el aullido
dedicándose como un ciego a la esperanza.
Padre: veo en el espacio alcohólico de tu entrecejo
la mentira que arruga.
veo que se curva en auspiciosos cielos eléctricos
y voltea el gesto candombero.
Ojalá te salve del entuerto
la frase del azar envuelta.
Hay un cíclope en el ojo de la niña
que monta las pendientes
de lunas crueles
de angustias mordientes.
Dice simplemente que no es de este mundo,
de este mundo de poemas estridentes.
Vuelve por partes (en angostos pedacitos la garganta)
Sigue el padre en el espejo velado
Sigue la madre con el intestino agrio.
Y caen:
las madres en su silencio de madres
el ondulante sueño que precede al mundo
los huesitos de esos cuerpos al borde de la ruta
la cartilaginosa mancha de la ausencia
cuando imagino que me olvido.
Silvina Vázquez
Fecha: 01-12-2008
Hits: 74
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