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En busca del placer
No somos los cariocas que bailan en la calles. No. En Río de Janeiro sí. Ahí se puede ser testigo directo de lo que es disfrutar y tener conciencia del cuerpo. El cirujano pl?stico Héctor Valdés lo pone de ejemplo y luego concluye que esa realidad se da en todos los ambientes m?s tropicales. Es m?s, intuye que los primeros indicios de preocupación por el cuerpo vienen de antes, de los años 70, cuando surgieron los grandes gimnasios y muchos se reían de los cabeza de músculo.
Ahora ya nadie habla de ellos. De lo último que nos reímos fue de los fisicoculturistas, pero la culpa la tuvo un programa de televisión. Nada grave. Si hay algo que nadie puede desconocer es que hoy en día el profesor, el abogado y el ingeniero tienen algo en común y es que practican algún deporte y se miran al espejo sin tanto miedo de ser apuntados con el dedo.
-Pienso que los chilenos siempre han convivido con su cuerpo; sin embargo, siento que recién ahora est?n disfrutando de las ventajas de un buen cuerpo. Los gimnasios est?n teniendo una demanda muy alta y no es sólo por un cambio intrínseco de cada chileno, sino que ha habido una mejoría en nuestra calidad de vida que nos hace satisfacer otro tipo de necesidades -explica el cirujano.
Según Valdés, la belleza no es requisito esencial para convivir bien con el cuerpo, pero ayuda. Casi el 50 por ciento de la gente que llega hasta su consulta pertenece al grupo que quiere darse gustos. Es la nueva modalidad cultural de sentir que la cirugía estética es una herramienta social, un placer personal. Y así, se almendran los ojos, se arreglan la nariz, se afirman las mejillas o aumentan el busto. El resto est? dividido entre los que quieren corregir errores genéticos, los que por exigencias laborales necesitan verse presentables y las que lo han pasado mal, porque el marido las ha dejado por otra m?s joven.
El denominador común es siempre uno solo: querer verse bien.
Fecha: 01-12-2008
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