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Causas externas e internas pueden provocar la deshidratación de la piel.
Entre las primeras: contaminación, cambios clim?ticos, escasa ingesta de agua y mayor eliminación de la misma. En las internas: falla en el ciclo natural de hidratación, envejecimiento y enfermedades.
Las consecuencias son fatales: piel tirante, rugosa, irritada. Se hace evidente una pérdida de suavidad, vitalidad, flexibilidad y resplandor.
Para protegerse, la piel segrega dos tipos de sustancias: el sebo, que lo conforman las gl?ndulas seb?ceas, y los lípidos, compuestos por 40 por ciento de ceramidas, 25 por ciento de ?cidos grasos y 25 por ciento de colesterol, y producidos por las células.
La capa m?s superficial de la piel, compuesta por entre 15 a 20 capas de células muertas, es la que mantiene la hidratación natural y entre estas células est?n los lípidos, que se encargan de su unión. Como si las células fueran ladrillos y los lípidos el cemento. Es justamente esta barrera de lípidos la que impide que la piel no pierda la humedad. Un cambio en la composición de esta barrera hace que ella disminuya su función.
No siempre es posible prevenir agresiones externas, como los ambientes secos, el frío o el aire acondicionado, pero hay una serie de otros culpables que sí podemos eliminar. Los especialistas concuerdan en que lo que verdaderamente acaba con la humedad y la protección de la piel son el uso diario de productos de limpieza agresivos que liquidan su manto ?cido y su complejo hidrolipídico. De hecho, productos con pH diferentes al natural de la piel eliminan completamente su barrera protectora y la dejan vulnerable ante cualquier agresión.
Fecha: 02-12-2008
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