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LA JOYA DE AZNAR
En España la mujer del presidente no tiene el título de primera dama, pero eso a Ana Botella no le importa. Prefiere ser la compañera y confidente de José María Aznar, su marido, papel que ella considera mucho m?s importante. Con ella De Mujer a Mujer conversó en exclusiva desde el Palacio de La Moncloa.
El Palacio de La Moncloa no est? en el centro histórico ni comercial de la capital española. Era una residencia de vacaciones que pasó a ser el hogar y la oficina de los presidentes a partir del retorno de la democracia. En 1976 Adolfo Su?rez fue el primer presidente que ocupó el restaurado palacio como su centro de operaciones.
En La Moncloa no est? sólo la presidencia. A su alrededor se construyeron varios edificios donde trabajan casi dos mil funcionarios. Para llegar al corazón de este sitio privilegiado hay que someterse a rigurosos controles de seguridad, caminar a través de un parque con ?rboles milenarios y pasar junto a la cancha de paddle donde toda la familia disfruta de este deporte, incluso los tres hijos (José María, de 22 años, Ana, de 19, y Alonso, de 10) que también viven en esta residencia-oficina.
A la entrada del hogar de los Aznar hay dos personajes que dan una indolente bienvenida a los visitantes. Son Manolo y Margarita, los gatos callejeros que conquistaron a la familia, se apoderaron de la puerta principal y hasta se hicieron amigos de Guffa y Fico, los perros, que sí llegaron por derecho propio el 5 de mayo de 1996 cuando el Partido Popular (P.P.) ganó la presidencia por primera vez.
Al traspasar la puerta principal, el hall de distribución est? adornado con un inmenso jarrón lleno de flores sobre una mesa de caoba. La puerta cerrada a la derecha es la oficina del Presidente, al centro el Patio de las Columnas -un inmenso salón donde se recibe a las delegaciones- y a la izquierda una hermosa biblioteca donde tendremos la entrevista.
Ana Botella llega a los pocos minutos: pantalón blanco, sandalias bajas del mismo color, polera de hilo roja sin mangas y collar de ?mbar. Es una mujer atractiva, segura de sí misma, sonriente y, al igual que muchas otras que se pasean por las calles de esta ciudad, trae en su mano una bolsa pl?stica con las compras que acaba de realizar. Por ese y otros detalles, el interlocutor se da cuenta que la gran habilidad de Ana Botella es hacerle creer que en ese momento no hay nada m?s importante que dedicarle toda su atención y hablar sin apuro.
Fecha: 19-07-2008
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