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MÁS QUE LA MUJER DEL PRESIDENTE
Madre de cinco hijos, encargada de la gestión social del gobierno y primera dama. Esta mujer se las trae. Cuando Argentina est? pasando los momentos difíciles que todos conocemos. Cuando los cacerolazos seunan fuerte y las críticas destiñen la Casa Rosada, la figura de Chiche se erige como un ejemplo para sus admiradores y como m?s de lo mismo para sus detractores. Lo cierto es que a favor o en contra, nadie puede decir que ella no trabaja, porque detr?s del presidente esta vez sí que hay una gran mujer.
Según los últimos sondeos que se han realizado en el país vecino, la figura de la primera dama cuenta con un amplio margen de mayoría a su favor. Los argentinos quieren a Chiche Duhalde y la valoran como una imagen positiva dentro del vilipendiado mundo de los políticos. Esta pocisión de privilegio ha llevado a pensar a los m?s osados, en que ella podría ser la carta secreta del justicialismo para las elecciones del 2003, aunque esta es una versión que el propio mandatario argentino Eduardo Duahlde se ha apresudardo en desmentir. Verdad o no, Hilda es una mujer que est? jugando un rol fundamental en el proceso que en estos momentos vive la Argentina.
Encargada de supervisar las políticas sociales del gobierno, no le tiene miedo a nadie y es capaz de opinar y dar la cara, en temas tan diversos como el corralito y hasta la cirugía pl?stica que se realizó recientemente.
-¿Cómo se considera usted a sí misma? ¿Una mujer política o la mujer de un político?
-Entré a la política de casualidad. Pero hoy no podría dejar de decir que soy una mujer política. Yo creía que la función social estaba totalmente alejada de ese mundo. Después me fui dando cuenta de que se entrelazaban y que me iba perfilando como una mujer política m?s all? de mi voluntad. Me defino como una mujer política no tradicional porque entiendo la política como un trabajo. Pero no dejo de ser un ama de casa. A lo mejor me ridiculiza lo que digo, pero es la verdad. Cuando volví de Tucum?n y Santiago del Estero, llegué a casa y estaban todos los chicos esper?ndome, ¿Y sabés qué sentí necesidad de hacer?, ponerme a hacer panqueques de dulce de leche. Esas cosas también me gustan.
-¿Hoy es posible una rutina familiar? ¿Su marido vuelve a la noche a su casa?
-Sí, vuelve a casa. Excepcionalmente hay una reunión prolongada hasta las dos de la mañana. Ahí me llama por teléfono y me dice: "Mir?, no voy a ir. Me quedo porque mañana empiezo temprano".
-¿Es usted el sostén de su marido?
-Somos un sostén mutuo. Estamos viviendo momentos muy difíciles y por lo tanto estamos tratando de contenernos porque llegar a casa significa encontrar paz y tranquilidad. Poder disfrutar con los chicos, con los nietos cuando est?n. En realidad, me sostiene m?s él a mí, que yo a él. Es difícil que él pierda la serenidad aun en los momentos difíciles. Yo, en cambio, suelo angustiarme.
-Muchos dicen que usted ejerce una fuerte influencia sobre su marido...
-Mir?, hay días que te tom?s las mentiras con m?s tranquilidad que otros. Pero la verdad es que yo no ejerzo influencia sobre mi marido. Es muy raro que él vaya a aceptar una indicación mía, es rarísimo. Generalmente me escucha, siempre me escucha, pero nunca toma una decisión por lo que yo le digo.
-Pero usted siempre declaró que le dice todo lo que piensa.
-Sí, claro. Una tiene que ayudar. Cuando algo me parece importante, se lo digo.
-Usted reconoce públicamente que tiene car?cter fuerte y se la ve seria y segura. ¿Es tan firme y decidida como se muestra?
-No soy tan decidida. Uno se arma para enfrentar la vida. Y bueno, yo me armo. Pero no soy tan decidida.
-¿Es una manera de poner distancia?
-Es una manera de preservarse. La mujer para vivir en esta jungla se tiene que armar. A veces tiene que mostrar que puede m?s que los hombres. El mundo de la empresa, de la política y de los medios de comunicación han sido, en forma casi excluyente, de los hombres. Y la mujer tiene que armarse especialmente para poder meterse en esos mundos.
-¿Qué es lo que m?s le molesta que le critiquen?
-Ultimamente no escucho críticas. No miro televisión ni escucho radio. Me curo en salud. Pero hay cosas que no me molesta que se digan. A mí me parece que el ser humano nació para vivir en pareja. A mí no me molesta que me digan "la señora de". Y yo veo que otras mujeres se enojan cuando las presento como "señora de". Creo que tienen una baja estima personal, porque yo puedo ser yo a pesar de ser la "señora de".
Fecha: 02-12-2008
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