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Aquí estoy, sentada bajo un ?rbol,
a orillas de un río,
una mañana soleada.
Es un hecho anodino
que no pasar? a la historia.
No es una batalla ni un tratado,
cuyas causas se investigan,
ni el memorable asesinato de un tirano.
Sin embargo, estoy sentada a orillas del río.
Y si estoy aquí,
forzoso es haber llegado de alguna parte,
y antes forzoso fue haber recorrido otros lugares
como los conquistadores de nuevas tierras
antes de subir a bordo de sus navíos.
Incluso un instante fugaz tiene un turbulento pasado,
un viernes anterior a s?bado,
un mayo que a junio precede,
y horizontes no menos reales
que los dibujados en los prism?ticos de los mariscales.
El ?rbol es un ?lamo hace años arraigado.
El río es el Raba que no empezó a fluir ayer.
La senda no anteayer
se abrió entre matorrales.
Antes de disipar las nubes, el viento
hasta aquí las arrastró.
Aunque nada importante sucede en torno a mí,
no es el mundo por eso m?s pobre en matices,
menos justificable, menos definido
que cuando dependía de las grandes migraciones.
El silencio no solo envuelve conspiraciones.
Y el séquito de causas no solo acompaña subidas a tronos.
No solo los aniversarios de las revoluciones caen,
también las piedras arrojadas al río.
Intrincado y denso es el bordado de las circunstancias.
El pespunte de la hormiga en la hierba.
La hierba cosida a la tierra.
El diseño de la ola enhebrada a un palito.
Así, por obra del azar, soy y miro.
Una mariposa blanca aletea en el aire
con alas que solo a ella pertenecen,
y una sombra sobrevuela mi mano,
la suya, no otra, no de cualquiera.
Ante hechos semejantes me abandona la certeza
de que lo importante
es m?s importante que lo que no importa
Fecha: 02-12-2008
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