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Amoroso y cándido Propercio por más bella y sublimada que sea Cintia , abandona la humillante y triste tarea de cantar a su amor.
Aléjate de ella como la luna que deja paso a la claridad. Tampoco insultes a tus rivales que son pobres diablos en busca de migajas de placer. Solo mitiga y traga tu orgullo en las palabras que sabiamente manejas para que después no haya arrepentimientos.
Pues solo a ti, amoroso Propercio, se te puede ocurrir decir ante la lápida de Cintia: ese polvo fue mujer admirable, en vez de esa mujer fue admirable para un polvo. Que, en definitiva, es lo que carcome tus días.
Cuenta la encantadora y bellísima Dafne que hace tiempos tenía ganas desbordadas del poeta Apolonio. Que cuando le escuchaba leer se humedecía y era capaz de correr a encerrase en el baño solo con el recuerdo del espigado Apolonio.
Mientras dice esto ni siquiera una línea de rubor cruza su rostro.
Imbécil ?Triple imbécil! En ese tiempo, por ella, golpeaba mi cabeza contra las mesas
de las cantinas.
Edwin Madrid
Fecha: 21-11-2008
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