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No es asunto interesante para un pasajero
de Varig que vuela a 7.000 pies sobre el litoral del país
y apenas percibe el verde dominante
-intenso en los campos de arroz-,
las venas de los arroyos
y los tajos de las rutas nacionales.
Tampoco llama la atención de los que
se vuelven para Salto
en el ómnibus de Spinatelli.
Ni acaso al almacenero enredado
en los hilos de las ventas de fiado.
Sin embargo,
sentado en la puerta de esta fonda,
no hago otra cosa que distraerme
con el gato que duerme patas arriba,
abandonado a moscas y jejenes.
Aturdido acaso
entre ruidos del planeta azul de Gagarin,
dueño absoluto de las sombras del sol.
Elder Silva
Fecha: 21-11-2008
Hits: 46
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