|
Mantener la capacidad de emocionarse y emocionar representa una garantía de felicidad y continuidad en la pareja, y esta posibilidad está al alcance de la mano de quienes entiendan que la capacidad de cambio en todos los órdenes de interacción humana es factible y posible.
Una pareja en su desarrollo evolutivo es como un ser que va definiendo su identidad, y a medida que lo hace cambia, porque los cambios son parte principal de la vida.
Si la especie humana ha llegado a ocupar el papel predominante que posee en el concierto de los seres vivos, es precisamente por su plasticidad y su capacidad de adaptación y modificación a las circunstancias cambiantes del entorno. La vida misma nos ofrece el patrón de cambio por el que nacemos, crecemos y dejamos de existir.
La plasticidad representa entonces uno de los atributos más positivos de un organismo viviente, la rigidez (su opuesto) el más negativo.
Cuanto mayor sea el nivel de rigidez estructural de una pareja, más estáticas y previsibles resultan las conductas de ambos miembros. Estas conductas aparecen compendiadas en lo que llamaremos "guiones de vida conyugal", que son como archivos fijos por los cuales se reiteran secuencias conocidas frente a la mayor parte de las interacciones que involucran a la pareja.
Un guión es también un libreto que se escribió en algún momento de la historia conyugal y que nunca más fue revisado: pasó a formar parte del mito familiar, y se repite cada vez que surge un tema o una interacción ante la cual el guión aporta las palabras y los gestos necesarios. Ni uno más ni uno menos, haciendo que cada uno se torne perfectamente previsible para el otro.
Supongamos, para visualizar mejor este hecho, un escenario con personajes que se mueven en espacios limitados en una escenografía que no cambia. Sus palabras, y los gestos que las acompañan, se reiteran, creando por ello un clima vacío y carente de emoción.
Los objetos materiales que rodean esta escena actúan como soporte eficaz a la incomunicación, y entre ellos ocupa un tercio de la escena un enorme televisor que como telón de fondo sonoro emite voces humanas en las que no alcanza distinguirse con claridad el mensaje.
¿Parece exagerado? Tal vez, pero quiere expresar una escena carente de emociones, y la carencia es a las relaciones humanas el corsé de hierro que posee el poder de opacar la vida íntima de la pareja.
La "lata"
En Chile existe una palabra perfecta para definir esta suerte de monotonía afectiva: "la lata". Este neologismo tan común expresa ampliamente un estado emocional que puede aplicarse a casi cualquier ámbito de la vida cotidiana. Es sinónimo de aburrido, opaco, carente de humor, repetido, estático. Usado en el ámbito de la pareja suena casi a un epitafio "triste, solitario y final" como dijo O.Soriano.
La "lata" es un verdadero principio del final, pero no el necesario final si se logran reconocer los signos que anticipan su advenimiento, y los factores que la han producido. Lo trágico resulta de instalarse en ella cómodamente, y adaptarla como un estilo de vida o simplemente negarla.
Lo maduro es enfrentarla en pareja, sin considerarla como una triste, pero inevitable consecuencia de la vida en común. Una alternativa pasa por desnudar la estructura de los guiones repetidos, esperados y previsibles, para luego introducir voluntariamente alguna modificación a su curso. ¿Es este trabajo tan complejo?. Todo depende de la intención compartida.
Redescubrir la seducción perdida puede ser un ejemplo concreto de un cambio de guión en el plano erótico. Esto no quiere decir, como piensan algunos, que la única acción posible para modificar la rutina consiste en irse a un motel a jugar a los amantes. O crear una escena idílica, tipo comercial publicitario de televisión.
Puede ser algo mucho más sencillo. Por ejemplo:
Convenir con su pareja el mantener doce horas eróticas como antesala del encuentro sexual, propiamente tal. Y empezar desde el desayuno a construir un piso para el surgimiento del deseo.
Quizás bañarse juntos sin que pase nada.
Llamarse por teléfono durante la jornada laboral para contarse lo que les gustaría hacerse, si estuvieran juntos.
Buscar espacios de intimidad antes de irse a la cama.
Salir simplemente a tomar un café o a pasear para conversar a solas y en tranquilidad.
O cocinar juntos si eso crea acercamiento.
En definitiva, buscar todas aquellas cosas que generen placer compartido, y revivan antiguas llamas, porque como dice el refrán: "donde fuego hubo cenizas quedan".
La emoción, es decir la posibilidad de vibrar con pasión junto a la propia pareja, caracteriza a aquellas personas que mantienen la capacidad de sorprender y sorprenderse juntos. Cambiar los guiones implica sorprender y co-emocionarse.
Mantener la capacidad de emocionarse y emocionar representa una garantía de felicidad y continuidad en la pareja, y esta posibilidad está al alcance de la mano de quienes entiendan que la capacidad de cambio en todos los órdenes de interacción humana es factible y posible. Lo contrario, es decir el letargo, es la antesala a un final previsible... la Lata.
Fecha: 02-12-2008
Hits: 61
|
|