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¿Es una conducta generosa y de respeto a los deseos individuales, que se sitúa por encima de los celos posesivos de la pareja tradicional? ¿O simplemente una manera de coexistir con otro que en realidad poco importa desde un plano amoroso? Cuando hay cuatro en la cama, relatos de la vida de un swinger.
Roberto Rosenzvaig
Si existe un ideal común y compartido en la sociedad occidental, es el del matrimonio monógamo comprometido en un acuerdo de fidelidad, y aunque las parejas no guarden siempre un estrecho pacto de respeto por este arquetipo y lo transgredan a través de relaciones más o menos ocultas, el modelo se sostiene como una pauta organizadora de las relaciones de pareja. Sin embargo no todos coinciden con este ideal; desde la década del 70 en adelante apareció una fuerte reivindicación de las relaciones extramaritales otorgándoles un valor implícito. Esta idea transgresora tuvo fuertes sostenedores en algunos círculos psicológicos. En 1975, Lake y Hill escribieron: "No hay duda que la vida de una alta proporción de hombres y mujeres casados se ha visto enriquecida y ha cobrado sentido gracias a relaciones sexuales secretas". Esta parecería ser la misma premisa que llevó a Nena y George O'Neill, autores de un muy difundido texto del momento, a afirmar en 1972, que "la fidelidad sexual es el falso dios de los matrimonios tradicionales". Estos gurús de las uniones abiertas propusieron que la verdadera fidelidad consistía en admitir y actuar las más secretas fantasías sexuales, compartiéndolas con la pareja, aún cuando ellas incluyeran la alternativa de mantener relaciones sexuales abiertas con otras personas.
Las personas que admitieron esta posibilidad se auotodesignaron a sí mismas como swingers. El término proviene del inglés swing, que quiere decir oscilar.
Las experiencias de grupos, que practican el intercambio de parejas, fueron estudiadas por el antropólogo Gilbert Bartell, quien describió ciertas pautas de intercambio sexual, de las cuales las más interesantes son:
*Intercambio de pareja simple entre cuatro personas, heterosexuales, quienes simplemente compartían su pareja por un período determinado, y respetando la privacidad.
*Swinging abierto, de cuatro personas que mantenían relaciones sexuales en el mismo ámbito físico, independiente o en combinaciones eróticas, que dependían de la imaginación, pero que tampoco incluia relaciones homosexuales masculinas, pero sí femeninas.
*Triángulos, por lo general formados por un hombre y dos mujeres, pero que comúnmente incluían también a otro hombre.
*Reuniones abiertas de sexo grupal. Hetero y homosexual.
Los participantes provienen de un mismo sector social, comúnmente de clase media acomodada, y disfrutan de la condición secreta de su asociación.
Entre la década del 70 y 80 se proyectaron con una imagen de libertad, como los nuevos paladines de una era carente de las restricciones y represiones de la sociedad tradicional. Los modos en que estas personas se contactan han evolucionado de acuerdo con la tecnología disponible. Al principio a través de relaciones entre amigos, luego, en lugares de encuentro clandestino, después a través de anuncios en periódicos y últimamente por medio de Internet.
Ante los ojos de las otras personas aparecen como parejas comunes, que no muestran una sexualidad muy diferente de los demás.
Todos tienen una restricción principal, y es que no debe haber relaciones sexuales con otras personas fuera del juego. Ni tampoco vínculos afectivos o emocionales más allá del encuentro sexual. Toda prolongación del contacto que se produjo en público hacia un ámbito privado es considerada infidelidad.
Jamás piensan que sus preferencias sexuales tengan nada de anormal; por el contrario, creen que lo que hacen sería el deseo de la mayoría, pero que los otros simplemente lo reprimen, y que se refugian en las relaciones extramaritales. Ellos, por el contrario, se sienten libres de la hipocresía moral de la sociedad en que viven.
Sin dejarse llevar por consideraciones de tipo moral, a través de las cuales fácilmente se pueden condenar estas conductas como marginales, lo que importa es descubrir si el modelo que estas personas ven como ideal, representa un camino diferente de la opción monogámica y permite superar la posesividad tan común en las parejas que conocemos.
Las premisas sobre las que se sostiene el modelo son provocativas desde un punto de vista teórico, pero poco prácticas en lo que a la solidez de las relaciones se refiere. Por lo menos las investigaciones sobre la perdurabilidad de estas parejas abiertas las muestra con índices de ruptura y separación muy superiores a las convencionales.
Un segundo elemento de análisis se centra en establecer si existe un mutuo consentimiento, donde ambos participantes disfrutan espontáneamente de las acciones sexuales. La experiencia del contacto psicológico individual con personas que se integraron por años a esos juegos de intercambio, revela lo que es un factor común en estas relaciones, que es el sometimiento pasivo de una de las partes a los deseos perversos del otro.
La dupla sometedor-sometido, o el miedo a perder al otro si no se accede a las demandas sexuales planteadas, es un eje que genera vínculos mucho menos libres y lúdicos, de lo que sus protagonistas creen que son. Los swingers muestran que los deseos sexuales pueden adoptar formas de realización colectiva totalmente diferentes a las tradicionales, el tema es si estas formas llevan a un camino de autorealización individual y en pareja, o si no son más que modos de escape al compromiso afectivo y emocional.
Fecha: 02-12-2008
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