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Hasta fines del siglo 19 se creyó como premisa científica moral que los niños carecían por completo de emociones e ideas sexuales. Si las manifestaban eran considerados automaticamente enfermos, tanto desde un punto de vista moral como síquico.
La idea dominante era que los niños representaban un estado de pureza incontaminada. Esta visión idealizada empezó a ser cuestionada a partir de los descubrimientos de la sicología evolutiva y el siconálisis, que revelaron que los niños tenían percepciones, pensamientos y emociones sexuales.
A partir de allí la pregunta esencial que comenzó a preocupar a padres, maestros, sicólogos y en general a todas aquellas personas que tienen contacto con niños en cada una de sus fases de evolución fue:
¿Cuáles son las conductas normales de la sexualidad infantil y cuáles son las otras sobre las que debe manifestarse preocupación?
Las observaciones e investigaciones se acumularon para dar respuesta a estas interrogantes.
Un exhaustivo estudio de población infantil realizado por los investigadores de la Clínica Mayo de Rochester, en Norteamérica, da cuenta de estos aspectos desde un punto de vista científico.
Se estudiaron mil niños de edades comprendidas entre los dos y 12 años, a través de las informaciones suministradas por sus madres, con la condición de que no hubiesen sufrido abuso sexual,
El informe muestra que "cuanto más pequeños son, más expresan conductas sexuales sin inhibición". En los grupos de varones y niñas de dos a cinco años las conductas sexuales más frecuentes comprendían hechos como:
Pararse muy cerca del cuerpo de otros niños o adultos y frotarse contra ellos.
Mostrar conductas de tipo exhibicionista que comprenden la exposición deliberada de partes de su cuerpo y puede tomar la forma lúdica de jugar al doctor.
Tocar sus genitales en público.
Tratar de mirar a las personas cuando están desnudas o vistiéndose.
El contacto con sus propios genitales tiene un doble sentido para ellos; por una parte comprende la exploración y reconocimiento de su cuerpo y, por otra, la obtención de placer, que es la base de la masturbación posterior.
Los intereses sexuales pueden expresarse posteriormente a través de una gran curiosidad hacia el sexo opuesto y los contactos corporales e, inclusive, manifestarse en la búsqueda del contacto erótico -incluyendo besos y caricias- con el cuerpo de otros niños en forma abusiva e insistente.
Hay gestos espontáneos y otros inducidos y resulta así poco probable que los niños intenten imitar conductas sexuales, si es que no han presenciado la acción de adultos o de otros niños de mayor edad. Su imitación es siempre una parodia, pero que puede traer consecuencias negativas para otros que pasivamente acepten esta especie de acoso sexual infantil.
Los niños también juegan a ser varones o mujeres imitando los ejemplos del mundo adulto, por lo que resulta evidente que si son expuestos a presenciar interacciones sexuales de adultos tenderán a repetirlas precozmente, o a refugiarse en una gran timidez y rechazo frente a cualquier manifestación de afecto corporal.
El informe de los padres sobre la conducta sexual de sus hijos ha sido la fuente más común de conocimiento en esta área. También son confiables los relatos de parvularias de los jardines infantiles.
Fecha: 02-12-2008
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