|
La cama, ?qué portentoso invento! Debiera figurar en la lista de grandes creaciones humanas con el mismo estatus que la rueda.
La cama es en nuestras vidas el lugar donde pasamos la mayor parte del tiempo porque ?aunque seguramente fue creada con ese fin? no se usa únicamente con la finalidad de otorgar al cuerpo el ansiado reposo después del trajín cotidiano. Por el contrario, la cama es para muchas personas la gran protagonista de distintas actividades.
No sólo se duerme en ella, también se lee, se mira televisión, se come, se conversa, se juega con los hijos, se hace el amor y los comerciales de colchones son un fiel reflejo de esta versatilidad.
La cama es un espacio polifuncional capaz de adaptarse a los requerimientos particulares de las personas que la usan. Por ello es que han evolucionado de un tamaño funcional mínimo a dimensiones físicas descomunales. La cama, como el auto o el refrigerador, es una de las grandes inversiones domésticas y un elemento que los fabricantes se han preocupado de dotar de los mejores adelantos en diseño y tecnología. Las king size, por ejemplo, no se sabe muy bien si están destinadas a familias numerosas que disfrutan del sueño colectivo, a parejas tan entusiastas que requieren espacios infinitos para sus ejercicios amatorios, o a personas que no desean contactos físicos que perturben sus sueños.
La cama es un territorio de unión y de conflicto, para los amantes (legales o no) es un espacio de regocijo, de creatividad, de juego, y de ternura que se expresa en las actitudes corporales de ambos, antes, durante y después de la escena amorosa, cuando los cuerpos exhaustos se unen y el contacto se prolonga hacia el reposo.
El conflicto se representa cabalmente en aquellas parejas que se colocan casi en los extremos más distantes del lecho para ejemplificar el rechazo afectivo y sexual. Ellos comparten o, mejor dicho, ocupan un espacio absurdo porque no quieren saber nada con el otro y, sin embargo, se obligan a acostarse y a tratar de dormir rápidamente, evitando cualquier contacto íntimo.
En este sentido, la cama traduce crudamente una separación que puede disimularse en otros lugares pero que allí se extrema.
Circula por allí una vieja frase que afirma el valor ecuménico del lecho, atribuyéndole poderes mágico-míticos: "Todo se arregla en la cama". ¿Qué significa ese "todo"? ¿Cualquier desavenencia, enojo o distancia? Porque evidentemente, cuando se escucha esta leyenda, nadie cree que se refiere a los problemas de tipo económico o a un trauma infantil, ni siquiera a una enfermedad. Uno está seguro de que no se refiere a la cama en sí, sino al valor reparatorio que se le atribuye al sexo para alivianar los conflictos de la pareja.
Veamos qué puede haber de verdad en esta frase popular.
Es cierto que las personas que tienen una buena vida sexual poseen mayor tolerancia en relación con pequeños problemas cotidianos, tienen mejor humor, expresan más emociones positivas. Pero también es cierto que las personas que tienen una pareja feliz y armónica suelen tener una vida sexual satisfactoria. Para ellos es fácil producir un encuentro amoroso que actúe como factor de confluencia, aun después de una confrontación. Esto que llamaríamos "reconciliación sexual" tiene el valor de reafirmar que la pasión puede despertarse a través de la ternura, pero también de la rabia, dándole al encuentro corporal una intensidad singular.
Pero para aquellos que están ausentes el uno del otro, o en conflicto crónico, la cama no es más que un escenario de incomunicación, en la que pueden pretender ser amantes cuando sólo son cuerpos en movimiento. En ese caso, nada se arregla, sólo se profundiza la soledad afectiva.
La cama es la prolongación de la cocina, del living o de la terraza. Todo lo que ocurra en esos lugares puede ocurrir en la cama, no sólo en un sentido erótico, sino en términos de contacto, intercambio, afectos. Y lo que no pase allí difícilmente sucederá en un escenario sexual. Quienes piensen lo contrario serán condenados a los fuegos eternos de la confusión.
Fecha: 21-11-2008
Hits: 82
|
|