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Isabella apareció justo para salvarme la vida. Todo empezó la semana pasada, cuando mi editora me citó a su oficina. ?¿Algún problema??, pregunté. ?Sí, tu columna?. Intenté hablarle sobre mis nuevas entregas y de lo que cuesta soltar la pluma. Pero me interrumpió en seco: ?No, Lucas, no entiendes ?Quiero sexo, sexo, sexo!?. Sorprendido, estuve a punto de decirle que quizás podríamos hacer algo, pero que en ningún caso ahí, en su oficina.
Entonces, me aclaró todo: ?Si no vas a escribir de sexo, olvídate de tu columna?.
Esa noche, la Ale me acompañó en el Santo Remedio, asumiendo por fin su rol como mi asesora de vida. ?Escribe sobre esa pecosa con la que saliste en el verano ¿No era tan hot la niñita??, propuso, entre solidaria e insidiosa.
No, si llega a enterarse me mata. ?¿Y esa flaca puntuda del Perturbar??.
Tampoco, sale con un amigo. La Ale seguía sacudiendo mi prontuario en la cara, cuando unas amigas vinieron a saludarla. Y tanto insistieron que terminamos en su mesa, escuchándolas latear sobre lugares de moda y repertorios por el estilo. Casi ni me di cuenta cuando la Ale y sus dos amigas más parlanchinas se estaban yendo. Me quedé con Isabella, una italiana de 35 años, divorciada y ?fascinada con los chilenos?, me dijo, humedeciendo los labios con su copa. Hice un rápido zapping mental de sus compatriotas ilustres, desde Monica Bellucci hasta María Grazia Cucinotta.
Nos fuimos a su departamento en Ñuñoa, donde nos esperaba un Chianti, gran reserva, un vino se supone muy famoso de Toscana. Cuando íbamos a su auto, hice una tasación express del asunto. Nota seis del uno al siete, full equipo y colaless. Forza Lucas.
En su living, descorché la famosa botella, mientras ella habló de sus viajes por el mundo. Reparé en sus jeans desteñidos. Dimensioné sus ancas perfectamente redondas. Tenía que esforzarme para no fantasear con todo lo que podría susurrarme en italiano. Una voz surround y mediterránea, diciéndome tutto, bambino, tutto y todo el escaso repertorio que manejo del cine italiano cachondo.
No sé qué gracia le hizo a Isabella enterarse de que yo era el autor de una poco leída columna de sexo. Y que justo ahora no tenía idea sobre qué escribir en mi siguiente entrega. Luego de reírse un rato, me lanzó una mirada juguetona. Gol de Italia. Fue en ese momento cuando volví a acordarme de mi editora: ?Quiero sexo?. Me acerqué lentamente hasta besarla.
Fulminante contragolpe, gol chileno. Se entregó mansamente en el sofá. ?¿Te han hablado alguna vez en italiano?... Ahora vas a tener de qué escribir?. Traté de mantener un mínimo control cuando sus jeans cayeron en la alfombra. Pero no pude. "¿Ti piace come lo faccio?". Sí, sí. "Riempimi tutta, scopami, sono tutta bagnata per te!". Sigue, dale. "Fammi vibrare, dammi tutto il tuo corpo di uomo... Piú forte, piú veloce...".
Cuando llegué a mi departamento, escribí frenéticamente hasta la mañana.
Luego me di una ducha y preparé mi triunfal ingreso a la revista. Pero también pensé en Isabella, que se mostró dispuesta a seguir asesorando mis columnas. "¿Ti piace, amore, ti piace?. Ni siquiera la Ale, su amiga, iba a saber nuestro secreto. Aunque el costo fueran horas extras impagas y la mía se convirtiera en una vida undercover, tan secreta como la de Calcetín con-rombos-man, el más anónimo héroe de moda. ¿Querían sexo? Así sería. (Próximo capítulo: Isabella Reloaded).
Fecha: 29-08-2008
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